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((**Es17.27**) detuvo en Turín expresamente para verlo. Llegó, después del mediodía del día primero de enero, mientras los muchachos estaban en el santuario cantando vísperas y escuchando la plática. Don Bosco le recibió respetuosa y cordialmente y le invitó a entrar en la iglesia para asistir a la función del primer día del año. La ceremonia fue bastante larga por el acompañamiento ((**It17.20**)) de la música; sin embargo, el Cardenal estuvo hasta después de la bendición, admirando el comportamiento de los muchachos, por lo que felicitó al Siervo de Dios. -Se dice, observó, que don Bosco hace milagros, pero yo podré referir al Padre Santo que he visto con mis propios ojos uno grande; a tantos muchachos asistiendo recogidos y silenciosos a una función muy larga para su edad. Hubiera deseado ver los talleres; pero, como no era día de trabajo en el Oratorio, prometió que volvería otra vez para completar la visita. Se detuvo después un rato con los muchachos y con los superiores que le habían rodeado enseguida. Cuando hizo ademán de querer marchar, se arrodillaron todos y él los bendijo 1. En el mes de febrero, llegaron tres Obispos franceses para ver a don Bosco. El día diez por la tarde se presentaron juntos monseñor Fava y monseñor Bonnet, obispos de Grenoble y de Viviers, respectivamente. Era domingo y toda la comunidad se encontraba en la iglesia. El Siervo de Dios recibió amablemente a los Prelados, que se entretuvieron largo tiempo con él y manifestaron después el deseo de ver a los muchachos. Como faltaban pocos minutos para la bendición, la impartió pontificalmente monseñor Fava, mientras su compañero asistía en el presbiterio. A la salida del templo fueron recibidos a los sones de la banda entre grandes aplausos. Habló monseñor Fava. Dio las gracias, felicitó a los músicos y siguió diciendo: -Hace algunos años, dirigía yo también una banda de música de muchachos ya creciditos; pero el color de su piel no era el vuestro. Eran pobres habitantes de Zanzíbar. Mi corazón de misionero se regocija hoy al pensar que muchos de vosotros, siguiendo las huellas de los que os han precedido, irán un día a tierras de salvajes o de cristianos abandonados para llevarles la dulce y benéfica luz del Evangelio. Mas, por desgracia, >>acaso no se han vuelto nuestros países católicos, digámoslo así, tierras de misión? La ignorancia religiosa y el indiferentismo, incluso el odio contra la religión alimentado por la ignorancia y fomentado por impías instigaciones, hacen ((**It17.21**)) progresos cada 1 El cardenal Caverot es uno de aquéllos cuya semblanza trazó don Bosco en Il piú bel fiore del Collegio Apostolico (Ap. Doc. núm. 2).(**Es17.27**))
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