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((**Es16.52**) cómo componérmelas para pagar a los obreros el próximo sábado y usted tendría que encargarse de pagarlos por mí. -Prometo hacerlo; que la Virgen me conceda la gracia de poder levantarme el sábado de esta cama. >>Pero cuánto hace falta? -Para esta semana hacen falta mil liras. -Pues bien, vuelva el sábado y las tendrá. El Superior volvió el día señalado, después del mediodía, a casa de la enferma; llamó a la puerta, salió la camarera a abrir y le pidió noticias de la señora. -íPadre, está completamente curada! Se ha levantado y, no satisfecha de pasearse por la habitación, ha salido para ir a la iglesia. -Alabado sea Dios, exclamó el sacerdote. >>Pero no ha dejado nada para entregarme? En aquel momento entró la señora, contó la curación, entregó la cantidad prometida y siguió ayudando a la santa empresa hasta que ésta se acabó. He ahí, señores, uno de los muchos hechos, que dieron vida al santuario de María Auxiliadora en Turín. Del millón que se gastó ((**It16.51**)) muy bien podemos decir que ochocientas mil liras fueron entregadas por gracias recibidas con intercesión de la Madre de Dios. Lo que sucedió en Turín, espero que se repita en Marsella para el oratorio de San León. Dio las gracias a las personas que se lo merecían, habló de los progresos realizados en varias partes y concluyó con el date et dabitur vobis (dad y se os dará) 1. En estas palabras se inspiró el señor Obispo. Animó a los Cooperadores a colaborar con don Bosco, instrumento de la divina Providencia, y estimuló a todos los presentes a hacer el bien con el ejemplo y las limosnas, y siguió con una graciosa historieta. -En Africa del norte, dijo, había un convento que no poseía nada y, sin embargo, mantenía con la caridad de los fieles a sus religiosos y a gran número de pobres; con el correr del tiempo, disminuyeron tanto las limosnas que se encontraba en graves apuros. Preocupado el superior y no sabiendo cómo tirar adelante, fue a ver a un compañero suyo, rector también de una comunidad, y le expuso las condiciones en que se encontraba. Aquél, en cuanto comprendió por sus palabras que allí, por miedo a quedarse sin blanca, habían ido reduciendo poquito a poco las limosnas a los pobres y a la postre las habían suprimido por completo, encontró al punto la explicación de lo sucedido. En aquella casa vivían dos hermanas, que se llamaban Date 1 El Echo de N. D. de la Garde (8 de abril de 1883, núm. 19) escribía: <>.(**Es16.52**))
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