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((**Es16.229**) enferma fue acometida por atroces espasmos; ((**It16.268**)) después se durmió apaciblemente y, al amanecer, despertóse y gritó a una tía suya: -íTía, estoy curada! En efecto, las úlceras estaban cerradas y tenía las piernas tan ágiles que fue en persona al abate para darle la alegre noticia. Cuando, en el 1891, se envió al Oratorio la relación del hecho prodigioso, la huerfanita había crecido normalmente y disfrutaba de óptima salud. Vivía, frente al orfanato de San Gabriel, el señor Cordonnier, rico comerciante de vino. Hacía algún tiempo, acariciaba un partido matrimonial, pero no había manifestado todavía a nadie su intención. Quiso, como muchos otros, visitar a don Bosco para presentarle sus respetos, ofrecerle sus servicios y, si tenía oportunidad, pedirle consejos sobre su porvenir. Fue, pues, a él, y no le dio tiempo a abrir la boca, porque el Santo le dijo, nada más verle: -Sí, sí; decídase por la que usted desea. En el monasterio de las Bernardas, de Esquermes, arrabal de Lille, yacía sor María Clotilde en el lecho del dolor: en el intervalo de ocho meses, había recibido dos veces los últimos sacramentos, cuando don Bosco llegó a su cabecera. Le había dicho la Superiora, mientras le acompañaba a la enfermería: -Don Bosco, tenemos una hermana, que recibió los sacramentos en diciembre, y todavía no consigue levantarse ni tenerse en pie. >>No podría usted lograr que se pusiera mejor? Sería un gran recuerdo de su visita al monasterio. Don Bosco miró a la enferma, bajó después la cabeza dos minutos, como si estuviese en oración y, levantándola, dijo claramente: -Vivirá... y largo tiempo... y así podrá ser útil a la comunidad... Después, con aire sonriente, añadió: -Hasta los cien años, si fuera menester. Estas palabras hicieron creer que todo lo había dicho de broma. En cambio, no parece que quisiera bromear. No había hecho promesa alguna de curación, sino de vida larga; y, en efecto, la religiosa no sólo curó, sino que vive todavía (1934) con sus buenos ochenta y dos años, ofreciendo cada día al Señor sus sufrimientos para bien de la comunidad, a la que de ((**It16.269**)) este modo es útil de veras, como había dicho don Bosco. Por lo demás, años atrás tenía también mejorías periódicas, que le permitían, incluso, trabajar en el colegio. La comunidad se encuentra hoy en Ollignies (Bélgica), adonde se trasladó hace treinta años después de la ley de expulsión de los religiosos. Entonces se trataba precisamente de abrir allí una casa sucursal. (**Es16.229**))
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