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((**Es16.214**) sencillo y modesto, sans afféterie, sans pompe, sans phrases (sin afectación, sin pompa, sin demasía de palabras). En aquella casa madre de la Misión, había un religioso de sesenta y tres años, el padre Duhlleux, que estaba casi en las últimas. Su hermano, confiando en el poder sobrenatural de don Bosco, lo llevó a la enfermería. -Desearía vivir para ver la prosperidad de la Congregación, dijo con un hilillo de voz el enfermo. -Podrá verla desde otro lugar, respondió el Santo, que supo, sin embargo, endulzar su respuesta con palabras de aliento y con su bendición. El enfermo falleció al día siguiente 1. Vivía cerca de los Paúles un prelado muy popular en toda Francia, monseñor Freppel, obispo de Angers y diputado por Finisterre. Al ir a París, cuando se abría el Parlamento, solía hospedarse en la casa de los Hijos de San Vicente. Deseaba vivamente tener un encuentro con don Bosco. Al enterarse el Santo de ello, fue a visitarlo y sostuvo con él una conversación privada de una media hora 2. La impresión, que Monseñor se llevó, debió ser excelente, puesto que, al año siguiente, como ya veremos, hizo de él un espléndido elogio en la Cámara de Diputados. Don Bosco llevó su deseada palabra a otra iglesia, singularmente querida por los católicos franceses y por la nobleza parisiense; a la iglesia de Santa Clotilde, la Santa que indujo con sus virtudes al rey de Francia Clodoveo, su marido, a hacerse cristiano. Habló en ella el tres de mayo por la mañana, fiesta ((**It16.251**)) de la Ascensión, después de celebrar la misa. No dijo nada nuevo, sino que repitió sustancialmente lo que había dicho en la Madeleine. Acudieron tantos a oírle que casi se ahogaban. Comulgaron muchos. La colecta fue abundante. Lo que sucedió después ya lo hemos descrito 3; también hemos narrado en otro lugar la aparición de Luis Colle 4. A la vuelta de su viaje a Lille, que duró del día cinco al dieciséis de mayo, al día siguiente de su regreso a la capital, dio una conferencia, en la amplia iglesia de San Agustín, ante un auditorio compacto y devoto. Casi hasta acabar habló de su obra, como lo había hecho 1 Annales de la Congrégation de la Mission, vol. 94, año 1929, pág. 761. 2 Así se lo atestiguaba a don A. Auffray, en marzo de 1935, el antiguo empleado que había acompañado al santo hasta la habitación de Monseñor. 3 Véase más arriba, págs. 98 y sigs. De las audiencias dadas en la sacristía se hace mención en una carta (Apéndice, doc. núm. 60). 4 Véase vol. XV, pág. 87. (**Es16.214**))
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