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((**Es15.227**) solamente para compilar ((**It15.253**)) el proceso y enviarlo después a la Congregación del Concilio, que se reservaba sentenciar. Así, los imputados no tenían que rendir cuentas a la Curia de Turín por este proceso 1. Hacemos sitio para un breve intermedio. La última semana de enero, se encontraba en Turín el obispo de Ivrea, monseñor Riccardi, ciertamente con el beneplácito de su Metropolitano, pues celebraba la misa doquiera lo invitaran. También los salesianos le invitaron dos veces, ya que le rogó don Miguel Rúa que fuera a celebrar la misa de comunión general del día 29, fiesta de San Francisco, y don Juan Bta. Francesia le invitó a Valsálice, para la misma fiesta trasladada dos días más tarde. Monseñor Riccardi aceptó con gusto ambas invitaciones, pero después, habiendo ido a almorzar con el señor Arzobispo, escribió al Oratorio que motivos imprevistos le impedían cumplir lo prometido, y, al Director de Valsálice, que lo sentía mucho, por el mismo motivo. Pero, al partir de Turín, confesó al teólogo Margotti que se marchaba muy disgustado, sin poder comprender cómo un Metropolitano pudiera prohibir a un sufragáneo celebrar misa en una iglesia de religiosos, y le encargó que comunicara a los Salesianos su pesar. Cuando monseñor Fissore llegó a Turín para cumplir la misión que se le había confiado, don Bosco estaba en Roma; por consiguiente, habló con don Miguel Rúa. El no tenía más que interrogar a los testigos, si los había, recoger sus declaraciones y, después, mandarlo todo a Roma; pero, accediendo al deseo de monseñor Gastaldi, actuó con la intención de obtener una conciliación de las partes, en lo que parecía secundarle don Miguel Rúa. Y hay más, Monseñor había rogado a los obispos Eula y Riccardi, llegados a Turín, que buscasen un camino de conciliación por medio de don Celestino Durando. Los dos prelados fueron a Valsálice, donde se encontraba don Celestino Durando con el ((**It15.254**)) teólogo Margotti para una fiesta y, cuando ésta acabó, le llevaron aparte y le insistieron que contentara al Arzobispo. Al leer don Bosco las cartas de don Juan Bonetti y de don Celestino Durando con estas noticias, casi lloró de pena, pues vio cómo habían sorprendido la buena fe de los suyos, e hizo escribir enseguida a don Miguel Rúa estas textuales palabras: <> 2. 1 Apéndice, doc. 33. 2 Carta de don Joaquín Berto a don Juan Bonetti, Roma, 18 de abril de 1882. (**Es15.227**))
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