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((**Es14.579**) contenta. Don Bosco la visitó, la animó mucho, y le aseguró que no moriría. Efectivamente, vivió aún casi tres lustros, con estupor de los médicos que la habían asistido. Otra bendición de don Bosco detuvo una atrofia parcial en el coadjutor Luis Tabasso, siendo éste todavía un aprendiz. Cuando ingresó de muchacho en el Oratorio de Turín, ya daba la impresión de enfermizo. La causa era que su cuerpo se desarrollaba únicamente en su mitad derecha, y no en la izquierda, por lo que el brazo, la mano, la pierna de este lado, se quedaban más pequeños y más cortos y esta misma inferioridad se apreciaba en el resto del cuerpo. Como consecuencia de tal anormalidad, padecía una opresión en el corazón, que le impedía la respiración normal: y otros grandes espasmos le causaban sufrimientos en todo el rostro. Algunos médicos turineses de fama estudiaron el fenómeno. El doctor Concato, profesor universitario, tuvo al muchacho en el hospital, durante el mes de junio de 1880, haciéndolo objeto de observación ante sus alumnos. El diagnóstico del mal no presentaba dificultad; pero la ciencia no lograba encontrar remedio. Y entró entonces la fe. Un domingo, fue el pobre enfermo a ver a don Bosco a su habitación, le expuso su triste estado y le pidió su bendición. El Beato le mandó arrodillarse y rezar con él una oración; lo bendijo, y de pronto, al levantarse, le pareció que se le quitaba de repente un peso del corazón y que en la mejilla izquierda no experimentaba ninguna sensación dolorosa. En pocos días le aumentaron las fuerzas y el brazo izquierdo se igualó con el otro; en la cara le quedó una especie de hoyuelo, como si se le hubiese extraído un hueso, y la lengua se quedó más endeble y un poco torcida hacia el lado izquierdo. Pero todo malestar había desaparecido. Don Bosco, así que vio el efecto de la bendición, le prohibió hablar del asunto, recomendándole, en cambio, que diera gracias a la Virgen. Dos años después, sufrió un mal en la pierna ((**It14.680**)) derecha, e imploró a don Bosco que le volviera a dar la bendición, esperando obtener la misma gracia. Lo bendijo el Beato, pero poniendo la condición de que la curación fuese útil para la salvación de su alma; en caso contrario, que se mantuviese el mal. Y éste le acompañó todos los días de su vida 1. El señor Agustín Calcagno, de Arerizano, fue uno de los primeros Cooperadores Salesianos, íy qué Cooperador! Cada vez que se enteraba de que don Bosco pronunciaba una conferencia en Turín o en 1 Relación del coadjutor Tabasso a don Juan Bautista Lemoyne, Niza, 14 de febrero de 1888. Véase: Proc., I. c., número XVII, & 51 (testigo, don Juan Bautista Lemoyne). (**Es14.579**))
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