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((**Es14.570**) padre Ficarelli, superior de los Jesuitas en Portugal. Don Bosco dispuso que en 1881, don Juan Cagliero, en su viaje a Sevilla para una fundación, de la que hablaremos más adelante, fuera a Oporto para vez y oír. Aquella visita infundió ánimos en el celoso sacerdote, que poco después emprendió viaje a Turín para conocer a don Bosco, ver de cerca sus obras, ponerse de acuerdo con él y recibir su bendición. El Beato lo escuchó con mucha bondad, diole útiles consejos y, al fin, le dijo: -Creo ante el Señor que usted debe abrir ese centro para la juventud; más tarde enviaré a los Salesianos. El sacerdote volvió a su patria y, amoldándose a las instrucciones de don Bosco y tratando de sacar el mayor partido posible de lo que había visto en el Oratorio, en Sampierdarena y en Marsella, formó una comisión con las más distinguidas personalidades de la ciudad y abrió los Talleres de San José, con la condición explícita de entregar después todo a los Salesianos tan pronto como llegasen; pero le tocó aguardar hasta después de la muerte de don Bosco, cuya promesa cumplió su sucesor. Como acabamos de ver, no se abrieron en 1880 nuevas casas en el antiguo continente, pero, en cambio, se hizo mucho para el desarrollo de las ya existentes. Don Bosco informó de ello a los Cooperadores en su relación anual, por enero de 1881. En Francia la escuela agrícola de La Navarre amplió sus locales, se agrandó mucho el orfanato de Niza, se añadió al oratorio de Marsella un edificio, que permitió triplicar el número de alumnos. En Italia, se terminaron los edificios de Vallecrosia para las escuelas de niños y de niñas y para la vivienda de maestros y maestras, y progresaron las obras para la iglesia aneja; en Turín adelantaron las obras de la iglesia de San Juan Evangelista y del colegio adjunto; en La Spezia se reanudó la construcción de las escuelas y de la iglesia, después del huracán que dañó gravemente las obras; y se puso mano a la gigantesca empresa del Sagrado Corazón en Roma. ((**It14.670**)) Mas para que, pese a las asechanzas del enemigo de todo bien, no le faltara el favor de la Suprema Autoridad, sin la cual habrían resultado inútiles tantos esfuerzos, en agosto de 1880 envió una esmerada relación de las casas de América y de Europa al Cardenal Protector quien, por razón de su cargo y por la gran benevolencia hacia la Congregación, podía, mejor que nadie, ayudar a don Bosco en sus relaciones con la Santa Sede. (**Es14.570**))
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