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((**Es14.465**) Dicho esto, pasó a dar un breve informe de las obras salesianas, debidas a la generosidad de los Cooperadores y de las Cooperadoras; son cosas que ya conocemos. Expuso luego lo que había que hacer para ser verdadero Cooperador y verdadera Cooperadora, y así gozar de las gracias especiales concedidas a la pía Unión por la Santa Iglesia. Ante todo advierto que, para ganar las indulgencias concedidas por el Vicario de Jesucristo, es necesario cumplir las obras prescritas para su adquisición. Por consiguiente, si la indulgencia va unida a una determinada oración, ((**It14.544**)) a la visita de una iglesia, o a la confesión y comunión, es necesario realizar estas obras, y esto vale lo mismo para los Cooperadores salesianos que para los terciarios franciscanos. Mas, para ganar tales indulgencias, no basta cumplir las obras prescritas, sino que es preciso también pertenecer a la Pía Unión de los Cooperadores según el fin de la misma. >>Y qué hay que hacer para pertenecer a ella? Ante todo estar inscrito por el Superior de la Congregación Salesiana o por persona por él delegada, y no haber sido excluido posteriormente. El ingreso se obtiene generalmente con el envío del diploma unido al reglamento. Además de esto, se deben hacer obras de caridad, según el espíritu y el fin de la Pía Unión. Pero alguien preguntará: ->>Es necesario hacer todas y cada una de las obras de caridad anotadas en el reglamento? -No, no es necesario; tampoco es necesario hacer una o más en un tiempo determinado sino que es necesario y suficiente hacer algunas, cuando se presente la ocasión. He dicho que es necesario hacer alguna. El fin de la Pía Unión es dar a la Congregación Salesiana ayudantes, que se comprometan sobre todo a cuidar especialmente de la juventud. Por lo tanto, todos comprenden que los Cooperadores y Cooperadoras deben industriarse para realizar alguna obra de caridad que conduzca a este noble fin; de lo contrario, quedaría frustrada la piadosa intención de la Iglesia, que abrió estos tesoros en su favor. En otros tiempos podía bastar unirse en la oración; pero hoy día, son tantos los medios de perversión, sobre todo en perjuicio de la juventud de ambos sexos, que hay que unirse en el campo de la acción y actuar. He añadido, además, que, para ser buen Cooperador y buena Cooperadora, basta practicar alguna obra de caridad cuando se presenta la ocasión. El hacerlo así no debe resultar difícil a un buen cristiano o a una buena cristiana. íCuántas buenas ocasiones se presentan! Puede darse un buen consejo a un muchacho o a una muchacha para encaminarlos hacia la virtud y apartarlos del vicio; se puede sugerir a los padres un buen medio para que eduquen cristianamente a sus hijos, los manden a la iglesia o cuando tienen que ponerlos a estudiar o a trabajar, elijan buenos colegios, maestros virtuosos, honrados patronos; se puede influir para tener buenos maestros y buenas maestras en las escuelas; se puede ayudar dando catecismo en la parroquia; se puede regalar, prestar, difundir un buen libro, una revista católica o quitar del medio una mala; se puede ayudar a hacer un trabajo, proporcionar una prenda de vestir, buscar una colocación, pagar una pensión para internar a un jovencito o una chica pobre y desamparada; se puede ahorrar un gasto, guardar una moneda para dar una limosna, promover una obra que sirva para gloria de Dios, honor de la Iglesia, provecho de las almas; se puede, por lo menos, exhortar a otros a hacerlo. Ocasiones para hacer el bien o impedir el mal nunca faltan. No nos falte la buena voluntad, no nos falte el coraje, no nos falte el amor de Dios y del prójimo, y nosotros, sin casi darnos cuenta, ((**It14.545**)) (**Es14.465**))
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