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((**Es14.411**) el pensamiento de que iba a perder a la hija, quería absolutamente que curara con las oraciones de don Bosco. Don Francisco Dalmazzo volvió a preguntar qué respuesta daba. -Nada, repitió don Bosco. Ella no sabría educar a esa niña; por lo tanto, es mejor para su alma que muera. Un telegrama anunció cinco días mas tarde la muerte de la niña. Constituye una satisfacción para el historiador recoger testimonios sobre la poderosa y saludable impresión que causaba la persona de don Bosco en quien se acercaba a él o simplemente lo veía; pues la repetición de semejantes testimonios de diversa procedencia y en diversos tiempos es una confirmación continua de su incontestable superioridad como hombre y de su espiritual altura como santo. Aquel año estudiaba filosofía en Roma el clérigo Peri-Morosini, que alcanzó mas tarde el episcopado y llegó a ser administrador apostólico del Cantón Tesino (Suiza). Pues bien, iba de paseo una tarde con sus compañeros y, al atravesar la plaza de San Luis de los Franceses, vieron ((**It14.479**)) la humilde figura de un sacerdote, en el que algunos reconocieron a don Bosco y lo dijeron a los demás. Nuestro cleriguito, sin parar mientes en el reglamento, que prohibía salirse de las filas, corrió a él, le saludó y le besó la mano. -Huelga contar mi impresión, narró él siendo ya Obispo, en una solemne velada conmemorativa de don Bosco en Ascona 1. Yo pensé: don Bosco es un retrato vivo del carácter del Nazareno: dulce, manso, bueno, humilde, modesto. íAsí, así debía de ser Jesús! 1 Bollettino Salesiano, julio 1908. (**Es14.411**))
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