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((**Es14.398**) Haced así para otra vez; venid a la audiencia pública y, al veros, yo mismo os fijaré la audiencia privada. Se habló también de los privilegios. El Papa dijo que él era contrario, por sistema, a los privilegios de los religiosos. Y don Bosco, en tono de broma, añadió: -íEntonces los religiosos no pueden existir! Después de todo, los privilegios son señales de benevolencia, que la Iglesia puede conceder o no, y también retirarlos cuando lo estime oportuno. ->>Qué es lo que Vos pedís? -Pido dos o tres privilegios que disfrutan todas las demás órdenes religiosas y sólo pido la renovación o confirmación. -Basta, dijo el Papa; si es sólo por eso, poneos de acuerdo con el cardenal Alimonda y lo arreglaremos todo; lo mismo para las Misiones, poneos de acuerdo con el cardenal Alimonda y con monseñor Jacobini. -Os rogaría todavía, Santidad, la confirmación del título de Monseñor para don Pedro Ceccarelli, párroco de San Nicolás de los Arroyos, en la República Argentina. -Sí, sí, respondió el Papa. -También pediría el título de Monseñor para don ((**It14.464**)) Mario Migone, que dio el terreno para levantar la iglesia de Vallecrosia dedicada a María Auxiliadora. También dio su consentimiento el Papa. -Tengo aquí en Roma, continuó don Bosco, a mi Procurador general, y suplicaría que una o dos veces al mes pudiese deciros siquiera una palabra o, al menos, venir a besar su pie, junto con el cardenal Alimonda. -Sí, sí, que venga, en hora buena, respondió el Papa. La audiencia duró cuarenta minutos. Después fueron introducidos don Francisco Dalmazzo y don Joaquín Berto, a quienes el Papa recibió muy amablemente. Ellos llevaban diversos objetos para que se los bendijera y también los diccionarios latinos de don Celestino Durando, que don Bosco presentó al Papa, como trabajo de un profesor Salesiano, que había puesto el mayor cuidado en expurgarlos de ciertos vocablos inoportunos para la juventud. El Papa los mandó colocar en su escritorio. Por último dio su bendición, diciendo poco más o menos. -Os bendigo a vosotros, a vuestros parientes, a vuestra Congregación, a los enfermos y, sobre todo, a vuestros alumnos y a los Misioneros: para que podáis crecer en número y corresponder al fin de la Congregación, a la que pertenecéis, que fue inspirada por Dios a vuestro (**Es14.398**))
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