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((**Es13.62**) del Padre Santo, me esforcé por obtener unos minutos de audiencia con Su Santidad. Hice la petición por escrito; el Padre Santo manifestó en una audiencia pública el deseo de oírme, pero no me fue posible por la multitud de forasteros, que, al menos, deseaban ver al Padre Santo. En aquel aprieto de tiempo y de asuntos el eminentísimo Cardenal Vicario me pidió noticias precisas sobre los conceptinos y yo pensé entregarle el memorial que le acompañaba, rogándole lo hiciera llegar a manos del Padre Santo como creo que haya hecho. N.° 2. Algunos asuntos de urgencia me llamaron a toda prisa a Turín. Un mes después don José Scappini cayó en un estado de postración de fuerzas por el que tuvo que volver a su tierra y guardar cama. Pero, antes de partir, proveyó al servicio religioso de los conceptinos en la persona de un sacerdote, que debía hacer sus veces hasta su regreso. Entretanto recibí la primera carta del cardenal Randi en la que me pedía aclaraciones y observaciones. N.° 3. Si por acaso tuviera tiempo, podría ver aquí la carta del Eminentísimo Purpurado y mi respuesta. La conclusión era que, como simples capellanes, podríamos prestar servicio, pero si el Padre Santo deseaba otra cosa, iríamos a lo que dispusiese. Mientras tanto don José Scappini se recuperó de las obstinadas fiebres y se encontraba en condiciones de partir para Roma. Ya había avisado al superior de los conceptinos, cuando recibió una carta del hermano Luis, en la que, en nombre de monseñor Fiorani, escribía que don José Scappini suspendiera su ida a Roma, pues tal vez tendría que regresar enseguida, sin dar razón de ello. Esta carta está en manos del cardenal Randi. Quedé extrañado; supliqué a Su Excelencia tuviera a bien decirme algo y, después de unos días, me dio respuesta con carta del 1.° de octubre de 1877, en la que me comunica la disposición pontificia y desaprueba la manera como fue despedido don José Scappini. Entonces tuve que suspender todas las gestiones con respecto a los conceptinos. Espero ahora nuevas deliberaciones, y mientras tanto ocupo de otra manera a las personas destinadas a aquel fin. Pero en todos mis escritos siempre me cuidé de notar al Padre Santo que todas sus intenciones, todos sus deseos, eran para los salesianos un mandato, que con gozo cumpliríamos siempre y pronto. ((**It13.63**)) Se han escrito algunas cartas confidenciales al eminentísimo cardenal Randi. Dentro de poco espero darme un paseo hasta Roma y decir a V. E. lo que no conviene confiar al papel. Estoy sumamente agradecido por la bondad que nos dispensa e, invocando humildemente su santa bendición, tengo el alto honor de poderme profesar de, Vuestra Eminencia Reverendísima, Turín, 29 de noviembre de 1877. Su atto. y s. s. JUAN BOSCO, Pbro. Para conocer la historia completa del asunto, sería preciso saber también cuáles eran los detalles que la prudencia no permitía <>; sin embargo, todo lector avisado se habrá dado cuenta de que hubo de haber enredos poco honestos, de los que don Bosco tuvo por lo menos indicios, y que, a pesar de ello, procedió hasta el fin con la máxima rectitud, caridad y desinterés.(**Es13.62**))
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