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((**Es13.412**) Beatísimo Padre: El sacerdote Juan Bosco, humildemente postrado a los pies de V. S., tiene el alto honor de proponer a la clemencia de V. S. algunos ilustres ciudadanos, para quienes sería de gran satisfacción y aliento para hacer el bien, si V. S. les concediese algún título de honor. Estos son: el conde Próspero Balbo, docto y ferviente católico, que gastó ciencia y fortuna por el bien de la Religión y da clase diariamente a nuestros huerfanitos. El caballero Juan Frisetti, rico señor e insigne bienhechor nuestro. El ingeniero Manuel Campanella, que, entre muchas obras de caridad, hizo gratuitamente los planos para el Hospicio de San Vicente en Sampierdarena, dirigió sus obras y contribuyó a las mismas con abundante generosidad. Allí hay actualmente más de trescientos niños pobres internos. Para el conde Balbo se pide, con el máximo respeto, la cruz de comendador de San Gregorio Magno. Para el señor Juan Frisetti y para el señor Campanella se ruega se les conceda la cruz de caballeros de San Gregorio Magno o de otra orden que a V. B. más agrade. Además, en nombre del Obispo de Vigévano, se recomienda al canónigo don Antonio Belasio, ilustre hombre apostólico, que dedica su vida y sus bienes al sagrado ministerio, no cesa de predicar y ha hecho insignes beneficios a nuestros muchachos. Es autor de muchas obras en favor de la religión. Le interesa mucho poder pertenecer a la familia pontificia con cualquier título que plazca a V. S. honrarle. Roma, 27, 1878, Torre dei Specchi, 36. JUAN BOSCO, Pbro. ((**It13.480**)) Pues bien, el Padre Santo, dos días después, habíase dignado aceptar benignamente su petición en favor del conde Balbo, reservándose tomar más adelante sus disposiciones acerca de los otros dos; mientras tanto, se preparaba el Breve, que quedó firmado entre los papeles a enviar. Aquel día, monseñor Pedro Lasagni, en su calidad de secretario del Sagrado Colegio, remitió a don Bosco el documento, por el que el conde Próspero Balbo quedaba incluido en el número de los Comendadores de San Gregorio Magno. Esta fue, por tanto, la última prueba de afecto que el glorioso Pío IX dio a nuestro Beato Padre, poco antes de partir para la eternidad. Con la muerte del Papa cesó la autoridad del Secretario de Estado y el cardenal Pecci, en su calidad de Camarlengo de la Santa Iglesia Romana, asumió el gobierno, junto con los cardenales Di Pietro, Asquini y Caterini. Durante el novenario, la máxima preocupación del Sacro Colegio fue la preparación del inminente Cónclave. >>Se podrían reunir en Roma los Eminentísimos electores? >>Se desarrollaría libre y tranquilamente, esto es, sin tumultos callejeros y sin maniobras, presiones o interferencias de cualquier género por parte de los que ocupaban el poder? Acá y allá se incitaba al Gobierno italiano para inmiscuirse en ello, contra la ley de garantías que se lo vedaba, se sucedían (**Es13.412**))
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