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((**Es13.246**) >>Hay que prohibir, pues, a nuestros hermanos y a los jóvenes dormir la siesta? Si sucede que, especialmente en verano, queda uno vencido por el sueño a primeras horas de la tarde, >>tendrá que esforzarse para no dejarse vencer por esa tendencia? No; si sucede que, mientras uno trabaja o estudia, le acomete el sueño, satisfágase en hora buena esta necesidad y duerma un ratito, arrellenándose en la silla o apoyando la cabeza sobre el escritorio; pero ninguno se eche en cama para conciliar el sueno; pues yo creo que éste es precisamente el daemonium meridianum, del que se nos amonesta que nos guardemos, como de un gran peligro para las almas. Con los muchachos sígase haciendo como hasta el presente; en los países cálidos, después de un rato de recreo, reúnanse en el estudio o en una aula, y, allí, cada uno en su sitio, estudie o duerma a su gusto, con tal que estén asistidos, para que reine el silencio y el que quiera descansar pueda hacerlo libremente sin ser molestado. Así quien necesita descansar, puede hacerlo; los otros, que no concilian el sueño, están ocupados y todos los peligros desaparecen. En una palabra, lo que se reprueba es el hábito de ir a la cama después de la comida. Sin embargo, se quiso hacer notar que en los países calurosos era una costumbre tan general, que poquísimos no la ((**It13.280**)) seguían. -Pues bien, replicó don Bosco, procuremos nosotros ser del número de los poquísimos, y espero que no nos disgustará haber evitado contraer este hábito. Si lo hacemos así, podremos trabajar más, ganaremos en estimación, y quizá otros imitarán nuestro ejemplo. Agotado el tema de las costumbres, se dedicó el tiempo restante a legislar en torno a la novedad de la división de la Congregación en provincias. Se redactó el Reglamento del Inspector, que puede leerse aparte; hay dos cosas que allí no aparecen de las que hablaremos nosotros ahora un poco, por ser materia de historia. Ante todo la denominación. El Capítulo descartó el nombre de Provincia y especialmente el título de Provincial, como poco oportuno en nuestros días. Ante el mundo, hubieran hecho aparecer la Congregación como una Orden monástica, haciéndola antipática, pues era muy grande la aversión que los enemigos de la Iglesia habían inoculado, hasta en ánimos honestos, contra las antiguas y venerandas instituciones religiosas. Por otra parte, esto no era salirse del surco de la buena tradición. Ya san Ignacio había desterrado una parte de la anterior nomenclatura conventual. Así, por ejemplo, había sustituido el apelativo de Padre Guardián por el de Padre Rector. Pareció, pues, óptima la determinación de prescindir nosotros también de ciertas exterioridades accidentales, que podrían irritar los nervios de los contemporáneos y hacernos mal vistos entre la gente, a la que queremos hacer el bien. Así, pues, el superior encargado de vigilar sobre cierto número de casas se llamaría Inspector, e Inspectoría el territorio de su (**Es13.246**))
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