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((**Es13.183**) ejercicios espirituales refirió de viva voz al Beato Padre todo lo que había podido observar en las visitas hechas. Esta fiel docilidad y profunda veneración al Padre Fundador resalta de mil formas en todas sus manifestaciones de alguna importancia. Personas, incluso autorizadas, decían que el hábito de las Hijas de María Auxiliadora parecía de luto y que faltaba algo blanco en medio de tanto negro. Se estudió el asunto en Mornese, se compuso también un modelo; pero, ante todo, quiso oír la Madre lo que don Bosco pensaba sobre ello. ((**It13.205**)) En consecuencia, y por orden suya, sor Catalina Daghero, resignada a hacer de maniquí, se presentó al Beato con. el nuevo modo de vestir. Sonrió éste ante aquella novedad, la contempló un poco y, después de un rato de silencio, dijo: -íVaya!... í No está del todo mal...! Podéis probar. Después de todo sois vosotras las que tenéis que llevarlo. Haced la prueba. Fue un gran día para Mornese aquél en que se habló de enviar las Hijas de María Auxiliadora más allá de la frontera y allende los mares, a Francia y a América. Sin embargo, parecía que la prudencia aconsejase diferirlo, porque las buenas hermanas carecían todavía mucho de conocimientos y de experiencia. Pero la Madre dijo: -Si don Bosco habla así, es que la Virgen le ha hablado a él; y la Virgen sabe de qué Hijas dispone para las obras de su divino Hijo. En Turín, algunas hermanas, que habían estado en Cúneo para examinarse de magisterio, no acababan de hacerse lenguas de las finezas con que las habían tratado las dominicas, en cuya casa se habían hospedado. La madre, después de haber dicho: -Aprendamos también nosotras a tratar siempre así, añadió: -Pero no olvidemos nunca que si nos tratan tan bien, es porque somos religiosas e hijas de don Bosco. Al dar cuenta a don Bosco de la casa de Biella, le manifestó la duda de que no se pudiera seguir allí, porque las hermanas no estaban muy a gusto. La respuesta fue: -En las casas de don Bosco nadie está a la fuerza. Si las hermanas no quieren estar allí, cámbiense; pero no se cierra la casa. La Madre no dijo una palabra más. En 1878, al visitar la casa de Alassio, encontró que el horario era demasiado pesado, porque las hermanas tenían que levantarse más pronto e ir a descansar más tarde. La Madre observó con humildad y respeto a quien correspondía: ->>Está enterado don Bosco de este horario? Si don Bosco lo sabe, bien; de lo contrario, procure cambiarlo. Su gran reverencia por don Bosco hacía que mirase con gran bondad (**Es13.183**))
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