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((**Es12.466**) dichosos siempre que podamos favorecer con nuestro periódico sus trabajos verdaderamente apostólicos>>. Conviene, sin embargo, hacer notar que el desafortunado artículo, aunque lo firmaba <>, había sido escrito, a lo que parece, por don José Persi, que se hospedó en el Oratorio como predicador, pero que no era salesiano. Para decirlo todo, añadiremos que aquello de estrechar la mano a los Ministros, puesto repetidas veces de relieve por el órgano ministerial, dio que decir a algunos 1. ((**It12.551**)) Pero ninguna ley divina o humana prohibía a don Bosco hacer lo que hizo. En fin de cuentas se trataba de Ministros del legítimo Soberano; Zanardelli, además, representaba al Príncipe Amadeo de Saboya, que hubiera debido asistir, pero no lo hizo, realmente impedido por una enfermedad diplomática, como se colige por la prensa de la oposición. Tampoco se puede honradamente afirmar que la fiesta tuviera ningún tinte antirreligioso. Por otra parte, >>podía don Bosco negarse a abrir su colegio, con peligro de gravísimos daños? Y, aceptada la invitación, >>no tenía que hacer el oportuno recibimiento? El no podía recurrir a enfermedades diplomáticas, para no poner en un brete a sus jóvenes salesianos, expuestos a un encuentro en el que solamente su prudencia sabría responder adecuadamente a preguntas imprevistas, embarazosas y comprometedoras. Don Bosco se mostró muy contrario a aquel disparatado artículo y tenía motivo para ello. A quien ignorase que él nunca había tomado parte en polémicas en los diarios, podía fácilmente ocurrírsele pensar que el escritor había hecho aquello por orden o inspiración suya, cuando él era totalmente ajeno al asunto. Remachó su principio sobre las polémicas en los periódicos: -Es la manera de perpetuar los disgustos; siempre se acaba con el descontento por ambas partes; se convierten en gigantescas cosas que de suyo son pequeñísimas, y se propala a todo el mundo lo que debería permanecer oculto 2. Es más, en aquella ocasión quiso abundar en precauciones; pues, para cortar por lo sano las habladurías, ni siquiera permitió que se imprimiese el himno original de Lemoyne para la ocasión y puesto en música por Dogliani. Decía que había sido excesiva la publicidad sobre los sucesos ((**It12.552**)) de Lanzo; y demasiadas las interpretaciones 1 Así, por ejemplo, en el mismo número del 23 de agosto uno, que se firmaba <>, decía con evidente alusión: <> 2 Crónica de don Julio Barberis, 15 de agosto de 1876. El cronista ha juntado bajo esta fecha dos cosas que son de fecha posterior. (**Es12.466**))
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