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((**Es12.436**) Nicolás ((**It12.514**)) se abrió, además, una iglesia pública, con oratorio festivo; y también aquí ha sido tanta la abundancia de la mies, que los salesianos idos allá, se ven insuficientes para tanto trabajo y suplican que se les envíen otros ayudantes. San Nicolás está situado en los límites de la provincia de Buenos Aires, a poca distancia de los salvajes, y quiso el Señor que, entre los muchos jóvenes que pidieron ingresar en el colegio, hubiese algunos de las familias de los salvajes. Esto era el logro de uno de nuestros más ardientes deseos, al ir a aquellas apartadísimas regiones; a saber, abrirnos camino poco a poco, para penetrar en las tierras de los salvajes. Ahora parece abierto este camino, pues, una vez educados estos jovencitos salvajes en la religión cristiana, ellos mismos irán a enseñar la fe en Jesucristo a aquellas tribus de donde proceden, y se verá realizado el proyecto de los salvajes evangelizadores de los mismos salvajes. Mientras se trabajaba en Buenos Aires y en San Nicolás de este modo, se esparció por América la noticia de la llegada de los salesianos. Como las necesidades espirituales son inmensas en aquellas regiones y poquísimos los medios para remediarlas, de todas partes se dirigieron a don Juan Cagliero, Superior de los Salesianos, para obtener misioneros, para abrir escuelas nocturnas, oratorios festivos, albergues para muchachos pobres, colegios, seminarios menores. Estas peticiones salieron primero de diversas ciudades de la misma República, tales como Córdoba y Mendoza; después, de algunas ciudades de Chile, para donde ya están muy avanzadas las negociaciones en tres ciudades. En Santiago, capital de la República, se nos ofrece una iglesia pública, una casa para artes y oficios y un colegio y oratorios festivos; lo mismo sucede en Valparaíso y en Concepción, que es la última ciudad de Chile próxima a los salvajes, donde nos ofrecen la dirección del Seminario menor. Sólo falta que vayan allí los misioneros a ocupar su puesto; esperemos en la divina Providencia, que pronto los tengamos, y que cuanto antes haremos la tercera expedición. Pero, entre tanto, se ve en Montevideo la urgencia de acudir en socorro de la juventud. Esta ciudad es la capital de la República de Uruguay, provincia pobladísima, donde no hay Seminario, ni un colegio católico, ni un solo seminarista en toda la República, y sin esperanza de que lo haya en el porvenir. El Vicario Apostólico, monseñor Vera, ha dirigido sus súplicas a don Juan Cagliero, para que vea la manera de instalar un colegio salesiano en aquella capital. Tras largas gestiones, y superadas muchas dificultades y oposiciones, puestas evidentemente por el demonio, se ha podido concluir el asunto, y varias personas cristianas distinguidas y benévolas (que también allí las hay), han puesto los ojos en un magnífico edificio, que podía valer para el caso, en un delicioso suburbio de la ciudad, llamado Villa Colón; lo compraron y lo regalaron a los nuestros con la única obligación de recibir, instruir y educar a los jóvenes que nos envíe la Providencia. Y ahí tenéis que una parte de los misioneros que ahora parten, van destinados precisamente a abrir ese colegio, el único católico en dicha ((**It12.515**)) República, que se ha llamado Colegio Pío, para recordar el paso por aquel lugar del gran Pontífice Pío IX, cuando en 1823 fue a Chile como encargado por la Santa Sede. Además, en el momento en que os hablo, se cumple o está para cumplirse otro gran acontecimiento. Los salvajes de Patagonia, hombres feroces, que hasta ahora no permitieron que ningún europeo penetrara en sus tierras, habiendo oído hablar de unos misioneros, cuyo único fin es educar a la juventud e instruir y socorrer a los menesterosos, se convencieron ellos también de que estos hombres harían bien y no mal a sus tribus y enviaron emisarios para invitar a don Juan Cagliero. íCosa admirable! Mientras se está a punto de abrir una casa por una parte en Dolores, que es la (**Es12.436**))
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