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((**Es12.296**) obstáculo para preparar la fiesta del día onomástico del Padre; en cambio, sí que estorbó algo el mal tiempo. En parte se puso remedio a ello en el acto, y en parte, algunos días más tarde. La víspera por la tarde se desarrollaron los festejos en el patio, pero el día de san Juan no fue posible hacer nada al aire libre. Por la mañana se recibió a los antiguos alumnos a los acordes de la banda de música y se presentaron a don Bosco, que los aguardaba en el comedor, y le ofrecieron unos magníficos pedestales para adorno del altar de María Auxiliadora. Hicieron la tradicional presentación del ramo de flores. El simbólico ramillete de flores significaba los sentimientos de los antiguos hijos hacia el siempre querido Padre 1. En 1876, en la comida que don Bosco les ofreció más tarde, surgió la idea de sufragar las almas de los compañeros difuntos, que en el pasado habían tomado parte en esta presentación. El cristiano pensamiento que brotaba de la viva piedad, que aquellos antiguos alumnos habían llevado consigo al salir del Oratorio, alegró tanto a don Bosco, que dispuso enseguida se celebrase un funeral solemne con túmulo y música. Los que habían lanzado la idea, a su vez, pensaron en completar la obra, invitando a los compañeros a contribuir con la correspondiente limosna. Se recogió en el momento la cantidad de veinte liras con cincuenta céntimos, indicadora de bolsas pequeñas y corazones generosos. También los internos hicieron sus regalos. En la acostumbrada colecta, los estudiantes recogieron ciento siete liras y los aprendices noventa liras, que se gastaron en tapices y cortinas para la iglesia. Ya hemos mencionado las cartas llegadas de América en esta circunstancia. Otras manifestaciones, que la lluvia impidió, se trasladaron a la tarde del día de san Pedro. Entre las dos fechas habló don Bosco así en las <> del día 28 a todos los alumnos del Oratorio: ((**It12.345**)) íMenos mal que, alguna vez siquiera, podemos hablarnos! Diréis vosotros: ->>Pero no nos vemos y hablamos todo el día? -Sí, pero cuando nos vemos al paso, nos decimos una palabrita y deprisa. Ahora, por el contrario, podemos hablarnos libremente y más tiempo. Tengo que deciros, lo primero y con mucho gusto, que los ejercicios han resultado bastante bien, que estoy muy contento de ellos, que hubo buen comportamiento y recogimiento, de suerte que también el teólogo Belasio quedó muy satisfecho de vosotros. Me causó especialmente mucha alegría el que muchos de las clases superiores 1 Si a veces habló don Miguel Rúa a los internos y les sugirió que ofrecieran a don Bosco el <> en su fiesta onomástica, entendió con la misma frase otra cosa distinta, a saber, una corona o ramillete de santas comuniones. (**Es12.296**))
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