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((**Es12.232**) otro. En fin, la segunda vuelta resultó un pequeño triunfo; hombres y mujeres se asomaban a la puerta de sus tugurios para ver al cura, que se había ganado el afecto de aquellos pilluelos y prometía ya un amplio patio con muchos juegos, cantos, músicas y alegría universal. Cuando el Arzobispo oyó a don Juan Cagliero contar lo que había pasado en la Boca, quedó admirado y, rebosando de alegría, díjole en un arrebato de entusiasmo: -Puesto que es usted tan pertinaz en querer ir a la Boca, le daré aquella parroquia, donde hasta el día de hoy no fue posible establecer el ejercicio del culto y del sagrado ministerio. Don Juan Cagliero le dio las gracias diciendo: -Precisamente don Bosco nos ha enviado para estos nuestros italianos e hijos de italianos. ((**It12.268**)) En nombre de nuestro Fundador y Padre doy gracias a Su Excelencia y comunicaré a Turín el precioso regalo que nos quiere hacer. El Arzobispo cumplió su palabra. Don Francisco Bodrato, que capitanearía la segunda expedición de misioneros y quedaría como superior de la misión, después de la partida de don Juan Cagliero, asumiría también el gobierno de la parroquia de San Juan Evangelista en la Boca, realizando en ella la prodigiosa transformación que más tarde admiraremos. La escuela del beato don Bosco pobló con estos gigantescos trabajadores las primeras instituciones salesianas; algunos son muy conocidos, muchos otros se desgastaron en el silencio, pero todos son igualmente dignos de eterna memoria y generosa imitación. La palabra paterna de don Bosco llegaba de tanto en tanto a Cagliero con noticias, instrucciones y alientos. El 29 de junio le escribía en estos términos: Mi querido Cagliero: 1.° Comienzo dándote noticias de tus parientes. Ha venido aquí tu madre y después tu hermano: también ellos están ansiosos de ir a América, pues es muchísimo lo que disfrutan con tu misión. Todos gozan de buena salud. Un sobrinito tuyo estuvo enfermo de los ojos; pero, al cabo de un mes de ser atendido por el doctor Sperini, curó perfectamente. 2.§ Ayer por la mañana expiró, en Feletto, el querido don César Chiala, dejando a todos una amarga pena. Es una desgracia para nuestra Congregación, aunque la temíamos desde hacía mucho tiempo; sin embargo, causó en todos profundo dolor. Estaba a su lado su madre. El día anterior a su fallecimiento, anteayer, estuvo levantado. Los pulmones funcionaron hasta lo último. 3.§ Te envío los diplomas para Benítez y Ceccarelli; si es posible, entregádselos (**Es12.232**))
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