Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es11.489**) Se pueden dar muchos medios para conservar tan preciosa virtud. Pueden reducirse a dos categorías: medios negativos y medios positivos. Los negativos pueden compendiarse en la norma que nos dio san Agustín: Apprehende fugam si vis referre victoriam. Para combatir los otros vicios, hay que tomarlos de frente; para conseguir esta virtud, dice san Felipe, vencen los cobardes, los que huyen. Se llaman medios negativos los que nos indican lo que debemos evitar o huir, para no encontrarnos en peligro de perderla. Son muchos los medios negativos. Pero yo los reduzco todos a la palabra huir: Apprenhende fugam si vis referre victoriam. Huir de las personas de otro sexo. En primer lugar, huir de la familiaridad con ellas. Nunca serán demasiadas las precauciones. >>Cómo se las arreglarán aquellos que desean salir a rienda suelta y dan plena libertad a sus ojos para mirar por todas partes? He aquí un clérigo que va a casa de sus padres. Se dirá: no hay ningún peligro en ello. Y, sin embargo, tendrá que ir a visitar a la prima, a la tía, a la cuñada. Hay mujeres prudentes; pero no todas lo son; a muchas les gusta presentarse bonitas, otras están mal vestidas; aquí un gesto, allá un movimiento y ese tal, si no cae, se encuentra en grave peligro. Y no se diga tampoco: -íEs mi hermana! íEs una persona religiosa! íNo es más que una niña! Porque el demonio es astuto, ha estudiado mucha lógica y sabe hacer abstracción a las mil maravillas. Quita la palabra hermana y deja sólo la palabra mujer; quita la palabra religiosa, pariente, y deja la palabra soltera; quita la palabra jovencita, niña y deja sólo la palabra muchacha; y, si no llega a caer, se pone en peligro; no está allí de pronto, mas espera y verás cómo serán tus pensamientos cuando te encuentres solo. Huida de las conversaciones mundanas. Viene, en segundo lugar, la huida de las conversaciones mundanas. íQué raras son las conversaciones en las que no hay alusiones a nada de este género! Por lo común son jóvenes que hablan un poco de todo, están acostumbrados ((**It11.582**)) a ir por todas partes y hablar con toda clase de gente y ni siquiera piensan en el escándalo que pueden dar. Se empieza por contar anécdotas y episodios, por reírse de unas cosas y de otras y aquella pobre persona consagrada al Señor, >>cómo se las arreglará para mantener el corazón puro y limpio? Las conversaciones que me parecen más peligrosas son las que se sostienen en los banquetes, y singularmente en las bodas. Se tratará del hermano, del primo, de la hermana, todos gente honrada; pero, >>qué queréis que os diga? Aquellas conversaciones, unidas al comer y beber hasta saciarse acaban siempre por dejar mil impresiones peligrosas, especialmente cuando uno, después de esos banquetes, se queda solo y se dispone a descansar; son impresiones tales que, si no se es muy fuerte, no se resisten. Tercera fuga: las visitas que se reciben. Aun cuando se presentan sin que vosotros vayáis a buscarlas. Hay que emplear mucha cortesía: se reciben, se intercambian los saludos, se piden noticias de unos y de otros; mirad, aquí hay esto, allí esto otro. Se está un momento y después: -Bien, ahora tengo que hacer tal cosa que me urge; quedaos con Dios. Pero permanecer largo tiempo, prolongar la conversación, acompañarlos a ver esto o aquello, son cosas que comienzan a ser peligrosas. Y no se diga que los visitantes quedarán ofendidos, si uno no se entretiene más tiempo o si no se aceptan invitaciones para ir a comer a otro sitio. Generalmente quedan edificados, y dicen: -Aquí hay orden, y cuando hay una regla, se cumple. No hace mucho tiempo vinieron los padres de un clérigo, con un hermano suyo, (**Es11.489**))
<Anterior: 11. 488><Siguiente: 11. 490>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com