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((**Es11.488**) íCuántos peligros encuentra la vocación en la tierra natal! No se habla allí más que de intereses o de algo peor. -íMira qué mal van las cosas! íDeudas por aquí, deudas por allí! íQué bien si estuvieras tú con nosotros! O bien: -Podrías hacerte sacerdote aquí en el pueblo. Fíjate en la familia tal: con la ayuda del cura han comprado aquí, han construido allí. Todos los de la familia prosperan. Y mira, nosotros podríamos comprar aquello, que nos vendría tan bien... Además, en todas partes se puede llevar vida de santo sacerdote y hacer el bien. íQué falta hace encerrarse entre cuatro paredes! Lo dice bien claro santo Tomás: In negotio vocationis parentes inimicos, non amicos se praebent: ideo nec consulendi sunt. A veces, añade el peor de los hermanos: -En fin de cuentas el Señor dice que hay que honrar al padre y a la madre. >>Y cómo se las arreglará el pobre clérigo o joven para mantenerse firme ante tantos asaltos? Muchas veces entra también en escena el párroco. ->>Con que quieres quedarte con don Bosco? Con la necesidad de sacerdotes que hay en la Diócesis. Además yo contaba contigo. Porque íquién sabe! Yo ya soy viejo y tú podrías sucederme... San Jerónimo dice que él fue una vez y prometió no volver más, porque durante algún tiempo le atormentó la tentación de abandonar el desierto para ir a socorrer a sus parientes. Suponed que hubiese ido: >>contaría hoy la Iglesia con su mayor doctor? >>Hubiera llegado a ser el gran santo que es? C) Medios negativos para CONSERVAR LA CASTIDAD No puedo, queridos hijos míos, entretenerme este año hablando con vosotros de muchas cosas de las que desearía hablaros. Sería muy conveniente hablaros de los votos y de los grandes bienes que acarrean, de la utilidad que reportan al que los hace y a la misma Iglesia, pues ellos originan las distintas órdenes religiosas, y sin ellos se hunden las órdenes. Querría hablaros de la pobreza religiosa, que nosotros debemos amar, y no sólo hacer ver la belleza de la pobreza en sí misma, sino descender a los detalles y hacer amar a los amigos de la pobreza, para que no nos suceda a nosotros lo que san Jerónimo y san Bernardo decían a ciertos monjes de sus tiempos, a los que les gustaba el nombre de la pobreza, con tal de no experimentar sus efectos; es decir, que no aman a los amigos, a los compañeros de la pobreza. Muy útil sería también hablaros de la obediencia religiosa. Se la necesita mucho, pues con ella una casa puede ir adelante prósperamente y ((**It11.581**)) sin ella nada puede sostenerse en el mundo, porque el Señor ha hecho todo con cierta jerarquía, de modo que una sola rueda que no gire, es decir, un solo individuo que no obedezca, puede hacer que marche mal toda una máquina. Pero de todas estas cosas, en parte ya os hablan los otros predicadores, en parte ya las conocéis bastante y en parte os las dirán otras veces. Yo creo oportuno hablaros hoy de una virtud que me parece a mí es la base de todas, la que prácticamente debe servir de base para todo el edificio religioso, de esa virtud que, por su preciosidad, es llamada virtud angélica. Yo no sé si voy a decir un despropósito; pero es mi parecer que, quien la posee está seguro de poseer todas las demás; y el que no, puede que posea alguna más, pero todas quedan ofuscadas y, sin ella, pronto desaparecerán. (**Es11.488**))
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