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((**Es11.396**) de nuevo una causa sobre la que ya se había pronunciado, había sido darle un disgusto, agravarle el mal que padecía y ponerlo todo en peligro. Además, el Secretario de la Sagrada Congregación que había sucedido a Vitelleschi, aún no había puesto sus manos en la masa, como vulgarmente se dice, y andaba como desconcertado. Añadíase a esto una circunstancia que don Bosco ignoraba y que se la comunicó el cardenal Berardi. El cardenal Prefecto, el cardenal Patrizi y algún otro, <>, opinaban que don Bosco pedía demasiado y, por consiguiente, había que someter sus peticiones a un examen más detenido y cuidadoso que de ordinario 1. Se hizo saber, por consiguiente, al Siervo de Dios que cambiara de posición. Aunque andaba muy ocupado con los últimos preparativos para la inminente partida de los misioneros, no quiso aplazarlo, sino que, a primeros de noviembre, cambió su solicitud y pidió solamente un determinado número de favores, trece en total, incluyendo los más indispensables y, por tanto, los referentes a las sagradas ordenaciones. El nuevo motivo que apoyaba y justificaba la presentación de la instancia dentro de tan corto espacio de tiempo, era que aquellas gracias debían favorecer especialmente a los Salesianos próximos a partir para las misiones extranjeras. Y puesto que hemos tenido la suerte de haber encontrado el texto de la súplica, la insertamos aquí por entero. ((**It11.468**)) Beatísimo Padre: El sacerdote Juan Bosco lleno de agradecimiento a Vuestra Santidad que, con un rasgo de gran bondad, dignóse aprobar definitivamente la Congregación Salesiana, se postra hoy humildemente a Vuestros Pies, Beatísimo Padre, suplicando nuevas gracias especialmente en favor de los Salesianos que deben partir muy pronto para las misiones extranjeras. Las cosas más necesarias son: 1.° Que los sacerdotes, aprobados para confesar en una diócesis, puedan confesar a los socios de la misma Congregación aun fuera de esta diócesis, y que en los viajes, especialmente por mar, puedan confesar indistintamente a otros fieles que viajan en su compañía, observando en todo momento las prescripciones y los ritos de la Santa Iglesia. 2.° Que en todas las iglesias de la Congregación puedan celebrar la santa misa, administrar la sagrada eucaristía, exponerla a la veneración de los fieles, enseñar el catecismo a los niños y predicar la palabra de Dios. 1 Carta del 20 de noviembre de 1875. (**Es11.396**))
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