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((**Es11.271**) Todo el que sepa cuán grande era la humildad de don Bosco y su elegancia en el hablar y tratar, no puede menos de sonreír el atribuirle un disparate tan garrafal. Una de dos: o el canónigo ha falseado las palabras del cardenal o el Obispo tomó una cosa por otra. Que el paladín de la antigua Curia, cuando juzgaba a don Bosco, viera todo del color de sus anteojos y también que procurase engañar, ha sido demostrado en demasía por el reverendo Cossu 1 y otros. Nosotros no condenamos las intenciones, pero lo dicho, dicho está, dirían muchos. Por lo demás, son cosas ((**It11.316**)) que suelen ocurrir, cuando se quiere defender algo a ultranza; ya lo decía el poeta romano, poniendo sobre aviso a ciertos abogados: Causa patrocinio non bona peior erit 2. Si además no fuere así, lo sentimos por el obispo, pero debemos decir que su impresión le hizo entender al revés las palabras de don Bosco. El era respetuoso con personas de elevada posición que le daban confianza, sí, pero tomaba un aire bonachón y sencillo, que revelaba un espíritu sincero y opuesto a todo engaño. Si recibía la visita de un prelado, al que consideraba como amigo íntimo, lejos de engreírse, empleaba, según su costumbre, frases graciosas y confiadas, que ciertamente habría evitado, si con su habitual perspicacia hubiera descubierto en el interlocutor un sentimiento de su dignidad tan fácil a molestarse como para no tolerar que nadie bromeara en su presencia. Suponer que don Bosco fuera capaz de atreverse a aconsejar a un obispo es no conocer el abecé de su psicología. El 5 de julio fue una jornada para señalar con piedra blanca en la crónica de las visitas: fue una fecha memorable hasta por la forma dramática con que don Bosco quiso que se desarrollase el suceso. Durante la comida se presentó uno de los superiores en el refectorio de los muchachos. Hizo una señal al lector para que suspendiera la lectura. Y, con aire de misterio, les dijo: que cuando oyeran la señal de la campana, subieran al dormitorio, se pusieran el mejor traje, se lavaran bien, se peinaran, dieran lustre a los zapatos... porque... llegaba a visitarles un gran personaje. Que mostraran educación, tuvieran el sombrero en la mano y guardaran silencio a su debido tiempo. Que los músicos fueran, a las dos, para ensayar un himno de ocasión. Es de imaginar la curiosidad que el aviso despertó. Apenas salieron del comedor todos rodearon a sacerdotes y clérigos, acosándoles a 1 Positio super dubio: An adducta contra Ven. Servum Dei obstent, quominus in Causa procedi passit ad ulteriora (Situación sobre la duda: Que lo presentado contra el Ven. Siervo de Dios no obsta, para que se pueda seguir más adelante en la causa). 2 Ov., Trist., I, 1, 261: Una causa mala se hace peor, si se la defiende. (**Es11.271**))
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