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((**Es10.535**) perdía a su padre y renovaba el compromiso de estar siempre con María y ayudarla asiduamente. Era patente que las dos jóvenes emprendían un apostolado, que se diferenciaba algún tanto del programa de la Pía Unión, o mejor, se extendía a un campo más amplio. Comenzaron a trabajar en casa de Teresa Pampuro, otra hija de la Inmaculada. Después de varios cambios de residencia, errantes como don Bosco en los comienzos del Oratorio, se establecieron en casa Maccagno. Alquilaron después otra habitación, luego otra más, recogieron a dos huerfanitas, a otras dos, y empezaron algo así como un pequeño hospicio para niñas desamparadas... íPero no era bastante! Junto al taller había un pequeño patio y, con el permiso de don Domingo Pestarino y del propietario, no tardó María en transformarlo en Oratorio festivo. >>Cómo se le ocurrió la idea? No podemos dejar de admirar en don Domingo Pestarino al hombre providencial. También él, antes de conocer a don Bosco, tenía vivo en el corazón el apostolado por la juventud y un afecto particular a los jóvenes. Baste mencionar las industrias a que acudía en los últimos días de carnaval para alejarlos de los desórdenes y peligros. Los juntaba en su casa, preparaba a sus expensas todo lo necesario para entretenerlos alegremente con juegos honestos, con cantos y alguna que otra representación escénica; añadía botellas, dulces y todo lo que podía favorecer la más cordial alegría. A una hora oportuna los acompañaba a la iglesia parroquial, rezaban las oraciones y los enviaba a sus casas, después de haberlos invitado para la mañana siguiente a oír la santa misa, rezar juntos el rosario y recibir los santos sacramentos. Todo esto, antes de encontrarse con don Bosco. Era hijo de campesinos acomodados. Antes de perder a su padre soñaba con tener a su disposición un trozo de terreno, que era parte del patrimonio paterno, precisamente en el altozano del Borgo Alto. Cuando murió el padre no manifestó a nadie su deseo, pero he aquí que, en la partición de la herencia, le tocó precisamente aquel terreno. Dejó escrito don Domingo: Hacía muchos años que pensaba (si por acaso el Señor disponía que en la división del patrimonio con mis hermanos me tocara ((**It10.585**)) a mí aquel lote de tierra) levantar una casa con capilla y diez o doce habitaciones para el bien de la juventud, para reunir allí a los niños del pueblo, especialmente en las fiestas, y entretenerlos con honestas diversiones; después juntarlos en la capilla, instruirlos y animarlos al bien del alma, al amor de Dios y al respeto y verdadera sumisión y amor a los padres y superiores. (**Es10.535**))
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