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((**Es1.368**) nombrado sacristán de la capilla del seminario. Era éste un cargo de escasa importancia, si se quiere, pero era una prueba evidente de bienquerencia de los superiores y al que iban anejos otros sesenta francos. Con ellos tenía para la mitad de la pensión, mientras el caritativo don Cafasso cuidaba del resto. El sacristán debía cuidar de la limpieza de la iglesia, de la sacristía, del altar y de la lámpara, de las velas y de los ornamentos y objetos necesarios para el culto. Este cargo, que se le otorgó por aventajar a los demás en ciencia y virtud, como atestiguaron muchas veces a don Cagliero, don José Fiorito, su prefecto de dormitorio y don Giacomelli, fue también para él ocasión de nuevo ejercicio de virtud. En efecto, contaba don Santiago Bosco: <((**It1.458**)), no advertida a lo mejor por quien la sufre, pero que se echa de ver por modales y palabras, quién es el objeto de ella. Pero la caridad y la humildad de Juan sabían disimular tales miserias. Esta humildad no se alteraba, ni siquiera cuando ciertos seminaristas sembradores de cizaña no cesaban de motejarle, mortificarle y hasta despreciarle, al verle vivir apartado y casi solo. El cargo de sacristán, que se le había encomendado, le valió por parte de éstos el sobrenombre de: Bosco d'l'oli per la lampia! 1 por su diario acudir a pedir al ecónomo el aceite para la lámpara que debía arder ante el altar. Pero él, siempre sereno y tranquilo, dejaba decir>>. Mas no era insensible. Nos contaba don Giacomelli que un día, no sé por qué discusión, Juan oyó a un compañero que le decía burlándose de su cargo: -Tu minchione delle torcie!2 -Juan se puso colorado como una amapola, pero no dijo palabra y se retiró. Pero los seminaristas presentes juzgaron tan grave el insulto, que uno de ellos no pudo contenerse y reprochó ásperamente al ofensor. Comollo entretanto, a pesar de los presentimientos del próximo término de su vida, había reanudado seriamente sus estudios y alcanzaba de nuevo en los exámenes semestrales el premio de las sesenta liras. Aunque mostraba la misma jovialidad y alegría en su conversación en el recreo, con todo Juan notaba algo de misterioso 1 Como por ejemplo en Castilla a un sacristán: <<íLamparones, chupacirios!>> (N. del T.) 2 <<íMira el cretino apagavelas éste!>> (N. del T.) (**Es1.368**))
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