Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es9.436**) El 7 de enero pidió don Bosco al Vicario General, monseñor José Zappata, el permiso y una carta de recomendación, para permanecer tres meses fuera de la diócesis. Escribe don Miguel Rúa en la crónica: 7 de enero de 1869. Palabras de don Bosco, después de las oraciones de la noche, con las que se despidió de todos los muchachos de la casa, reunidos en el salón de estudio, antes de salir para Roma: <>Y queréis saber, queridos míos, adónde voy? Voy a Roma, tengo allí asuntos de mucha importancia y voy por vosotros en busca de dinero, si lo encuentro, y además para otra cosa que os diré en su día y que ((**It9.478**)) os gustará mucho, porque será muy provechosa para el Oratorio. Estaré en Roma, a lo más, hasta el primero de febrero, por lo que deseo que la fiesta de san Francisco se traslade a la mitad de febrero. Si todo marcha bien, estaré más tiempo; y si no, volveré antes. Rogad por mí, haced la comunión por mí, sed buenos y observad buena conducta. Quiero que este año hagamos una fiesta de san Francisco preciosa, como nunca la hemos hecho, ni quizás la hagamos. Rogad mucho por mí. Ayudadme con vuestras oraciones. Os exhorto cariñosamente a que recéis hasta el día 7 de marzo un padrenuestro y una salve según mis intenciones. Adiós; hasta la vista>>. Iba a Roma el Venerable, sobre todo, para obtener la aprobación de la Pía Sociedad y quería, además, obtener del Sumo Pontífice indulgencias especiales para una Asociación de devotos de María Santísima. Desde que se empezó la construcción de la iglesia de Valdocco, habían pedido repetidamente los fieles que se organizase una Asociación de devotos, los cuales, unidos por el mismo espíritu de oración y piedad, honrasen a la Madre del Salvador, invocada bajo el título de María Auxiliadora. Después de la consagración del templo, mientras muchos acudían a la sacristía para inscribir su nombre en el registro, habían multiplicado estas peticiones personas de toda edad y condición procedentes de todas partes. Y el Venerable, como veremos, ya pensaba darles gusto. Estaba siempre vivo en don Bosco el deseo de honrar a María Santísima y otro signo de su gran amor era ése. En el ejemplar de las Reglas, que llevaba consigo a Roma, para presentarlo a la Sagrada Congregación, había añadido (lo que por otra parte era ya costumbre) que también sus sacerdotes y sus clérigos deberían rezar cada día el santo rosario, mientras en el manuscrito de las Reglas de 1864 se decía esto sólo para los coadjutores laicos. (**Es9.436**))
<Anterior: 9. 435><Siguiente: 9. 437>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com