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((**Es9.378**) Benemérita Condesa: He hablado con el posible portero: se llama Juan Roselli Batta; es casado, sin hijos, tiene treinta y dos años y su mujer veinticuatro. Está libre y aceptaría con mucho gusto el puesto de portero. Podemos estar tranquilos de su fidelidad. Mañana va de cocinero con una familia, pero sin comprometerse a nada para poder quedar libre cuando quiera. En cuanto me ordene algo sobre el particular, lo cumpliré. He visto a Peracchio dispuesto a ir al servicio militar, si el Obispo no pudiera reclamarlo. Le he dicho si no creía oportuno buscar el medio de recibir las órdenes lo antes posible; me contestó que, por ahora, no estaba dispuesto; que antaño estaba totalmente decidido a su vocación; y que ahora necesita tiempo para pensarlo y resolverlo. Así las cosas, le aconsejé que fuera cuanto antes a su Obispo; y dado el caso de que, por él o quizá por algún fallo, fuera reclamado y estuviera verdaderamente decidido por el estado eclesiástico, que me lo dijera y entonces estudiaríamos el modo de ordenarle. Pero él se mostró muy vacilante respecto a su vocación, y partió. Le renuevo las gracias más expresivas por la protección y ayuda que me presta en nuestras actuales estrecheces. Si Dios me diera a conocer media docena de condesas Callori, mal las iban a pasar los protestantes. Bendita sea nuestra santa Religión y quien la profesa luminosamente con los hechos. ((**It9.411**)) Bendiga el Señor a usted y a toda su familia. Don Juan Bonetti escribirá al señor conde Callori para que vaya un día a Mirabello. Si usted no padece por comer al mediodía >>no podría acompañarle? Esto sería ciertamente en honor de san Carlos. Cuénteme siempre para todo entre los que con la más sentida gratitud se profesan, De V.S.B. Turín, 9 de noviembre de 1868. Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro. Por esta carta, las anteriormente presentadas y las que más adelante citaremos, se ve que su agradecimiento no se limitaba a palabras. A más de las continuas oraciones, las bendiciones, las curaciones, las visitas a los enfermos, estaba siempre dispuesto a atender las peticiones y deseos de los bienhechores en sus diversas necesidades. A veces se las ingeniaba para que cesaran discordias familiares, se reconciliaran personas enemistadas; para proveer de preceptores o maestros, para buscar buenas personas de servicio, para facilitar la venta de una finca, para obtener un préstamo en buenas condiciones; otras veces para dar consejos sobre economía doméstica, hacer una recomendación para conseguir empleo, o una petición para obtener el indulto de un condenado. Sería demasiado largo señalar los variadísimos servicios que prestó a sus bienhechores. (**Es9.378**))
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