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((**Es9.204**) los pies del campanario y elevadas con el montacargas al puesto destinado. Mientras subían, tocaba la banda y aplaudía la multitud. Para no cargar su gran peso sobre las columnas de la torre, se había hecho un andamio de hierro que se apoyaba en el rellano de las ventanas y debía sostenerlas. Para facilitar su volteo, en lugar de las acostumbradas gruesas mazas de madera con un largo brazo, estaban provistas de pequeñas mazas de hierro fundido y una ancha rueda. Para tocarlas durante aquellos días de fiesta llegó de Strevi el señor Porta, maestro en el arte de las campanas, el cual ya las había probado en la iglesia. Otras ideas preocupaban a don Bosco para arreglar los ((**It9.207**)) terrenos adquiridos delante de la iglesia. Al salir de la misma se bajaba a una explanada ya arreglada, de cuarenta y nueve metros de larga por dieciséis de ancha. Debía estar separada por una hermosa verja de hierro, y el Ayuntamiento daba permiso, el 7 de mayo, para que fuera puesta en su sitio. Rozaba ésta con la calle Cottolengo y de la otra parte había sido trazada la plaza hasta el paseo hoy llamado Reina Margarita, aún sin nivelar y llena de ramblas. Por aquí atravesaba a veces don Bosco para ir a la ciudad. Salió un día, acompañado de don Juan Garino y, mirando con viva complacencia la fachada de la iglesia, le dijo: -Aquí, en medio, me gustaría levantar un monumento que representara a Moisés en actitud de golpear la roca y hacer brotar de ella unos chorros de agua que fueran recogidos en un estanque. Y volviendo los ojos en derredor añadió que, en aquella plaza tenía intención de construir un gran edificio que sirviese para hospedar sacerdotes, bienhechores, bienhechoras y padres de alumnos, que viniesen a Turín para visitar la iglesia y asistir a las funciones solemnes. Pero, antes de ver cumplidos sus proyectos, era necesario comprar unos trozos de tierra que pertenecían a diversos propietarios. El 5 de mayo de 1868, con escritura otorgada por Zerboglio, compró un terreno de 0,00,47 hectáreas de la señora C. Polissena Pullini, viuda de Rocci, a su hija Clementina y los cuñados Rocci. Y andaba en tratos de compra, que terminaron el 29 de junio de 1868, según escritura otorgada por Pavesio, con el caballero Tomás Gamacchio, que le vendía treinta y tres áreas y noventa centiáreas con derecho a riego, por cinco mil setecientas ochenta y cinco liras. Este terreno, que pertenecía al Seminario Arzobispal de Turín, había pasado, por ley del 15 de agosto de 1867, N.° 3848, al patrimonio del Estado, y (**Es9.204**))
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