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((**Es8.723**) cada año y a veces los convertía en personales, cuando asistía a la fiesta alguno que, por dignidad o merecimiento, era acreedor a tal atención. Aquella tarde concluyó el Venerable pidiendo y prometiendo oraciones. Pero las alegrías de aquel día hacían recordar a don Bosco las otras más solemnes que debían experimentar en Roma tantos amigos suyos con motivo del Centenario de San Pedro. Por eso escribía al conde Eugenio De Maistre: Turín, 25 de junio de 1867 Muy apreciado en el Señor: Un saludo para usted, y para toda su familia, mi querido señor Conde, y ello para desear a todos abundantes bendiciones del cielo en este Centenario; y me parece bien hacerlo por deber y porque no sé si todavía podré repetir los mismos augurios para otro centenario. La condesa Caramon me trajo noticias de que toda su familia goza de buena salud y que también el señor Francisco parece estar fuera de peligro; nosotros seguimos todavía encomendándolo a María Auxiliadora, mañana y tarde; esperamos que esta Madre querrá devolverle la salud primera. Que Dios le bendiga a usted, a su señora, a sus hijos y conceda a todos largos años de vida feliz y el santo don de la perseverancia. Amén. Me encomiendo, juntamente con mis muchachos, a la caridad de sus santas oraciones, y me profeso muy agradecido en el Señor Su seguro servidor JUAN BOSCO, Pbro. (**Es8.723**))
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