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((**Es8.685**) Don Bosco regresó a Turín con el corazón lleno de esperanza por haber vuelto a encontrar el protector perdido con la muerte de monseñor Fransoni. Cuando el Arzobispo llegó a Turín, fue a hospedarse en casa de su hermano y al día siguiente se presentó en el Oratorio, vestido de simple sacerdote, de modo que el portero no le conoció. Pidió ver a don Bosco, pero no estaba en casa. Después de esperarlo ((**It8.806**)) un rato, y viendo que don Bosco no llegaba, dijo al portero: -Cuando vuelva don Bosco, dígale que ha estado en el Oratorio su Arzobispo en persona, porque deseaba tener el gusto de hacerle su primera visita. Dijo esto y se marchó. Conmovido don Bosco por tal dignación se apresuró a ir al día siguiente al palacio de los condes de Netro. Fue recibido con gran alegría por el Arzobispo, quien salió a su encuentro. Después de unas palabras, díjole don Bosco: -Monseñor, usted puede ayudarme mucho en un asunto importantísimo que llevo entre manos. ->>Pensáis que no quiera ayudaros? Con mucho gusto. -Usted sabrá que he dado comienzo a una nueva Sociedad Religiosa... ->>Vos? >>Una Sociedad Religiosa? Quedó sorprendido porque le resultaba novísima la cuestión. Don Bosco le narró las vicisitudes pasadas y las dificultades presentes.Monseñor, que había creído hasta entonces que la institución de don Bosco era simplemente diocesana y, por consiguiente, dependiente totalmente de él, al ver que estaba destinada a un fin mundial, dependiente de Roma, y por tanto con la necesidad de obtener la exención de la inmediata dependencia del Ordinario, se quedó atónito, como si hubiera recibido una ofensa, y dijo: -Yo creí que vos trabajaríais totalmente en mi diócesis y que nos ayudaríamos mutuamente para bien de las almas que se me han confiado. Y como quien sufre una viva contrariedad, se despidió de don Bosco muy fríamente. Esta frialdad fue en aumento, únicamente porque no faltaron personas que pusieron en el corazón del ilustre Prelado desconfianza con el Oratorio. El 26 de mayo hizo el Arzobispo su entrada solemne en la Metropolitana, de acuerdo con el antiguo ceremonial y gran concurso de (**Es8.685**))
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