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((**Es8.59**) abiertos, observando que, después de dar algunas vueltas más, fue a posarse sobre Antonio Ferraris, muchacho de trece años, natural de Castellazzo Bórmida. Don Bosco lo reconoció perfectamente y se despertó. Apenas despierto, para cerciorarse de que no dormía, comenzó a batir palmas y, mientras reflexionaba sobre lo que había visto, hacía este ruego: -Señor, si esto no es un sueño, sino una realidad, >> cuándo deberá verificarse? Se durmió nuevamente y he aquí que en el sueño reapareció el mismo personaje, el cual le dijo: -Ferraris es el que debe morir, no hará dos veces más el ejercicio de la buena muerte. Y desapareció. Entonces don Bosco se persuadió de que aquello no era un sueño sino una realidad. Por eso puso sobre aviso a los muchachos. Ferraris, por entonces, se encontraba bien. Don Bosco renovaba de vez en cuando el recuerdo de su predicción. El día primero de marzo había sido llevado a su casa un muchacho de trece años, llamado Juan Bautista Savio, natural de Cambiano, como se lee en el libro registro del Oratorio. El pequeño aprendiz era víctima de una grave enfermedad y se había corrido la voz de que era él precisamente aquél cuyo fin había anunciado don Bosco. Pero el Siervo de Dios refutó aquella opinión, en su charla de la noche del 3 de marzo, viernes. ((**It8.54**)) 3 de marzo Esta noche quiero hablaros de política; pero, no de la política exterior, sino de la interna, de nuestras cosas, de las cosas de casa. En primer lugar, ya ha comenzado la cuaresma y hay que santificarla con buenas obras. Los que están obligados al ayuno ya saben lo que deben hacer sin que yo se lo indique; y los otros >>no tendrán nada que hacer? También ellos deberán realizar alguna obra buena, y ya que no pueden ayunar, suplan con algo el ayuno. Os daré un medio para santificar estos días: la confesión y la comunión frecuentes para obtener del Señor las gracias que necesitamos. Estos días son los aceptables del año: sunt dies aceptabiles, dies salutis. Os he anunciado ya que uno de nosotros tiene que morir. Vosotros me diréis: ->>Acaso no se referirá al aprendiz Savio? -Os respondo sinceramente que no. ->>Quién es, pues? -Solamente el Señor lo sabe. El tal está entre vosotros, ha oído mi aviso y espero que habrá hecho bien su último ejercicio de la buena muerte. íEstad, pues, todos preparados! No es necesario que yo lo diga, lo dijo nuestro divino Redentor hace(**Es8.59**))
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