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((**Es8.518**) apareció monseñor Svegliati. Monseñor Ricci le presentó a don Bosco diciendo: -Este es don Bosco de Turín. El Santo Padre desea que se arreglen las cosas con él y que V. S. vea el modo de contentarle. El Secretario saludó cortésmente a don Bosco, el cual empezó a decir: -Creo que Monseñor habrá recibido y leído el memorial que dirigía a la Sagrada Congregación y las Reglas de la Pía Sociedad de San Francisco de Sales. -Lo he leído y también las Reglas; pero, ((**It8.609**)) perdóneme, me ha sorprendido el modo con que han sido concebidas; por ejemplo, >>cómo quiere que se compaginen el voto de pobreza y la posesión de bienes propios? -Sin embargo, si Monseñor me lo permite, le diré que ello no se opone a este voto, como usted dice. -íSerá muy difícil! Además esta aprobación hay que pensarla bien; y lo que pide respecto a las dimisorias, no es admisible. -Sin embargo el Santo Padre me ha dicho que deseaba... ->>El Santo Padre? El Santo Padre no se acuerda ya ni de los decretos que él mismo ha hecho... Convénzase, don Bosco; íno es posible! -Escúcheme, Monseñor... Y empezó a exponer sus razones, a responder a las objeciones que se le podían presentar, a demostrar lo razonable, más aún, la necesidad de sus peticiones. No obstante, monseñor Svegliati repetía a cada instante: -íNo se puede! Y no hubo medio de sacarle otra respuesta. Era una escena singular. Monseñor Svegliati firme en no conceder nada y molesto de aquella insistencia, evitaba que sus ojos se topasen con los de don Bosco y, por consiguiente, volvía un tanto la mirada a otra parte; y don Bosco, sereno y tranquilo, pero decidido a obtener una respuesta favorable, se movía de modo que siempre se encontraba frente al Secretario, quien, sin advertirlo, dio muchas veces la vuelta entera sobre sí mismo. Fue largo este diálogo y de lo más gracioso para los espectadores. Finalmente le rogó don Bosco: -Si Monseñor quisiera concederme una audiencia esta tarde en su casa, tal vez lograría persuadirle de la bondad de mis razones. Monseñor Svegliati, que era persona distinguida y muy cumplida, le respondió: -Venga, venga; con mucho gusto; pero será inútil; ((**It8.610**)) íno se puede! íNo se puede! Y siento hacerle perder un tiempo tan precioso. (**Es8.518**))
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