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((**Es8.458**) >>Fue algo maravilloso; aquel mismo día pudo la enferma reemprender sus ordinarias y graves ocupaciones, adaptarse a todo género de comidas, ir de paseo, entrar y salir de casa libremente, como si nunca hubiese estado enferma. Cuando acabó la novena, se encontraba en un estado de salud tan excelente, como no se recordaba haber gozado anteriormente. >>Otra señora sufría, desde hacía tres años, un malestar de palpitaciones, con todos los inconvenientes unidos a este mal. Como le vino la fiebre y una especie de hidropesía, quedó postrada e inmóvil en la cama. Su mal había llegado a tal extremo, que cuando ((**It8.538**)) dicho sacerdote le daba la bendición, el marido de la enferma tuvo que levantarle la mano para que pudiese santiguarse. Le recomendó también que hiciese una novena en honor de Jesús Sacramentado y de María Auxiliadora, con la promesa de entregar una limosna para las obras de la citada iglesia, una vez obtenida la gracia de la curación. El mismo día en que se terminaba la novena, la enferma estaba libre de todo mal, y ella misma escribió la narración de su enfermedad. En ella se lee lo siguiente: >>María Auxiliadora me ha curado de una enfermedad, para la que se consideraba inútil todo recurso de la ciencia médica. Hoy, último día de la novena, me encuentro libre de todo mal y me siento a la mesa con mi familia, lo que desde hace tres años no había podido hacer. Mientras viva, no cesaré de alabar el poder y la bondad de la augusta Reina del Cielo, y haré todo lo posible para promover su culto, especialmente en la iglesia que se está construyendo en Turín>> Mientras don Bosco, en nombre de María, bendecía y sanaba a estos y a otros enfermos, el comendador Tonello, a quien se le había dado como compañero de oficio el abogado Calegaris, llegaba a Roma el día 10 de diciembre. Protegido y recomendado por el cardenal Pedro de Silvestri, se había instalado en la plaza de España, y el día 15 era recibido en audiencia por Pío IX. El benigno Pontífice le dio a entender paternalmente que no podía cambiar los principios, pero que aceptaría aquellas modificaciones que hiciesen posible una tolerancia de los hechos en las recíprocas relaciones. El encargado salió de la audiencia lleno de amor hacia la Santa Sede. El 21 se presentaba al cardenal Antonelli. Don Bosco, mientras tanto, se apresuraba a despachar sus asuntos particulares. Siempre que iba a una ciudad pensaba en lo que podría ayudar a sus muchachos, y buscaba las direcciones de aquéllos con quienes quería tratar y organizaba con todo una especie de minuta o relación por escrito, que después leía y cumplía fielmente. De este modo no dejaba nada al acaso, no se olvidaba de nada y llevaba a feliz término sus planes. Aún guardamos los apuntes autógrafos que se hizo con ocasión de este viaje a Florencia. La primera parte se refiere a peticiones al Gobierno ((**It8.539**)) de subvenciones, favores y condecoraciones; en la segunda hay apuntes de visita a algún instituto o convento, la dirección de familias de las que había aceptado invitación y el día fijado para las mismas. (**Es8.458**))
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