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((**Es8.220**) sus exámenes con matrícula de honor y de su edad, había pedido poder presentarse para el doctorado. La guerra contra los del Oratorio no había cesado del todo, y el Rector de la Universidad, Hércules Ricotti, le hacía saber que no podía concederse aquel título por ir contra el Reglamento. Francesia estaba ya resignado a hacer un curso más de universidad, cuando el mismo día en que había recibido la respuesta negativa se encontró con don Juan Turchi, que le dijo: -Vosotros los de don Bosco sois verdaderamente desafortunados; estudiáis sin descanso, aprobáis todos los exámenes, y sin embargo a duras penas marcháis adelante. Yo no he hecho ningún examen, he pedido sacar el doctorado anticipándolo en un año, y tuve inmediatamente respuesta favorable, como la tuvieron otros muchos. Mientras tanto, el profesor Ricotti presentó la dimisión de Rector de la Universidad y fue sustituido por el profesor Angel Serafino, presidente de la facultad de teología en su calidad de decano de los presidentes. Francesia escribió inmediatamente al profesor Serafino comunicándole la negativa del profesor Ricotti a su petición y que, habiendo sabido a ciencia cierta, que a otros se les había concedido el mismo ((**It8.250**)) favor que a él se le había negado, como por ejemplo a don Juan Turchi, renovaba dicha petición. Al día siguiente obtuvo la respuesta de que su súplica había sido aceptada. En consecuencia, hizo su examen, defendió la tesis, y el 13 de diciembre obtenía el título de Doctor en Letras. A su debido tiempo diremos el puesto que alcanzó en la República de las Letras este sacerdote, a quien don Bosco solía llamar: íel célebre don Francesia! También don Celestino Durando obtenía un diploma, pero por camino distinto. El Ministro de Instrucción Pública, José Natoli, viendo la necesidad de maestros legalizados, concedió un examen extraordinario para el diploma de Retórica a aquéllos que no hubiesen asistido al curso de la Universidad. Don Celestino resolvió aprovechar esta oportunidad. Miguel Coppino, Doctor agregado a la facultad de filosofía y letras, debía presidir la comisión examinadora. Se había opuesto por cuanto pudo a la resolución ministerial, y al no lograr que triunfara su opinión, había determinado suspender a todos los candidatos a dicho examen. Cuando Durando se presentó, Coppino empezó por decirle que aquélla era una prueba arriesgada, porque no se podía inferir una injusticia a quienes por tantos años habían asistido a las clases, habían (**Es8.220**))
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