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((**Es8.216**) haber callado cuando el aviso se confirmara con la realidad? Por otra parte, >>qué mal habría, en el caso de que fuese un simple sueño, en renovar en los muchachos el pensamiento de la eternidad?>>. Así que, se decidió a hablar, pero no en público. Reunió a algunos de sus íntimos, les contó el sueño y el día en que se le había dicho que el joven moriría, pero no declaró el nombre. Parecía tan singular la cosa, que no pudo mantenerse secreta; y de uno a otro, de confidencia en confidencia, en poco tiempo todos llegaron a conocer el sueño y esperaban con ansiedad el cumplimiento del mismo. Tanto más cuanto que en casa no había nadie enfermo. No obstante, un muchacho a quien don Juan Bonetti había preparado, como él mismo dijo, al gran paso, tras una corta enfermedad moría precisamente en el día indicado. Entre los testigos del hecho figura el profesor José Isnardi, sacerdote. En este mismo Colegio, cierto día al anochecer, uno de los alumnos se sintió mal de improviso. Se llamó inmediatamente al director don Juan Bonetti, que fue corriendo, pero lo encontró ya muerto. Fuera de ((**It8.245**)) sí, y como si fuese culpable de que hubiese fallecido el muchacho sin recibir los sacramentos, fue a postrarse en la capilla y lloró y rezó mucho rato. Al día siguiente no quiso comer, volvió varias veces a los pies del Santísimo Sacramento y finalmente, para ocultar a todos su angustioso dolor, salió al exterior y se internó en el bosque del colegio. Extenuado por el ayuno de veinticuatro horas, continuó paseando y rezando; de repente quedó como inmóvil con los ojos fijos en lo alto. Permaneció así un rato con el rostro radiante de alegría; y por fin, serenándose, exclamó: -íDeo gratias! íSe ha salvado, ya ha entrado en el Cielo! Y con la jovialidad de siempre fue a cenar. Don Juan Bonetti no dijo nada a nadie ni habló nunca de aquel hecho. Pero había sido espiado. El profesor don Juan Tamietti lo había seguido, con el fin de vigilarlo y consolarlo y, escondido entre los árboles, detrás de un seto, había visto y oído cuanto hemos narrado; pero no se atrevió a preguntarle nada, ni entonces ni después. Otro testigo fue don Carlos Farina. Don Bosco escribía a este sacerdote, tan del agrado del Señor, pocos días después de haber tomado posesión de su cargo: Carísimo Bonetti: El jueves lo dedicaré todo a Mirabello. >>No se podría dar una conferencia para la sociedad, por la noche? Si puedes, reúnelos esta noche y también mañana; pregúntales quiénes de ellos (**Es8.216**))
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