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((**Es8.200**) predicho años y años antes, que el Oratorio se habría ampliado y habría prosperado. Era voz acreditada entre los alumnos que don Bosco leía en las conciencias; y en prueba de ello está el hecho de que cuando uno tenía un pecado en la conciencia no se atrevía a presentarse a él, salvo que fuera en confesión, por miedo a que se lo leyese en la frente. Fui testigo de esto varias veces. Estábamos persuadidos también de que don Bosco, aun estando lejos, había sabido desórdenes que ocurrían en el Oratorio. >>Resplandecía en él una grande y mesurada prudencia, de modo que en el Oratorio nunca hubo que lamentar ciertos desórdenes y escándalos que, a veces, se ven hasta en colegios bien dirigidos. Su sistema era poner a los muchachos en la imposibilidad de faltar. Con su ejemplo, con la vigilancia de todos, mantenía siempre el orden y la disciplina, aunque había muchos alumnos y de diverso carácter. >>Se regulaba en todo con justicia. Aun aquellos que pagaban una pensión mensual completa, no llegaban a cubrir todo lo que recibían de la casa. >>Su humildad resplandecía en su modo de obrar sencillo, dulce, afable, accesible a todos, de modo que como un imán atraía hacia él nuestros corazones y resultaba una suerte para nosotros poder acercarnos a él y hablarle. En sus charlas familiares inculcaba siempre el pensamiento y el deseo del paraíso. >>Eran tan grandes su fe y su confianza en la misericordia de Dios que esperaba que todos nosotros iríamos al paraíso y que todos los que murieran en el Oratorio ciertamente se salvarían. Con frecuencia nos decía, ora a uno, ora a otro una palabra que nos llevaba a Dios y que siempre causaba efecto saludable en nuestros corazones. Era un espectáculo sorprendente ver cómo los forasteros ((**It8.226**)) le rodeaban y querían a toda costa besarle la mano y recibir su bendición, si podían de rodillas. En aquellos días sufríamos nosotros una verdadera privación al no poder acercarnos a él. Poseía un don especialísimo que fue el de saber hacerse amar no sólo por los que se quedaron con él en sus casas, sino también y constantemente por todos los que fueron educados por él y se dispersaron después por la disversas clases sociales. >>Al recordar ahora aquellos tiempos puedo afirmar que los muchachos en general correspondían a las santas industrias de don Bosco, tenían una conducta elogiosa y algunos digna de admiración. En el Oratorio florecía el espíritu de piedad y el santo temor de Dios. Y si alguna vez sucedía que un muchacho no se adaptaba al (**Es8.200**))
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