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((**Es7.494**) dos en dos. No quiero decir con esto que ahora vaya a suceder así, sino que en el pasado acaeció de esa manera. Moría uno y, después de diez o quince días, moría otro. Ahora está por ver, si muerto uno, después de diez o quince días, acaso menos de veinte, no morirá otro. >>Mañana por la noche os daré el aguinaldo. Vendrán aquí también los aprendices, porque yo desearía estar con vosotros y a la vez encontrarme en medio de ellos. Por lo tanto, como no puedo dividirme en dos, vendrán aquí los aprendices. >>Mientras tanto empezad vosotros por recibir este recuerdo particular: no os ensoberbezcáis jamás de lo que sabéis. Cuanto más sabe uno, más cuenta se da de que es un ignorante: Sócrates decía: Hoc unum scio me nihil scire (sólo sé una cosa, que no sé nada). Por tanto, sed humildes: 1.° persuadiéndoos de que no sabéis nada; 2.° no sirviéndoos mal de la ciencia; 3.° sabiendo lo que nos enseña Jesús crucificado: ((**It7.582**)) perdonad las injurias recibidas, perdonad a los enemigos>>. <<30 de diciembre. Don Bosco escribía a sus nuevos alumnos de Mirabello: A mis queridos amigos del Seminario Menor de San Carlos en Mirabello. La gracia de N.S.J.C. esté siempre con vosotros. Amén. Las muestras de filial afecto que me habéis dado, queridos amigos, cuando tuve la suerte de visitaros, me habían determinado a volver de nuevo hasta vosotros en estos días de fiesta y de felicitaciones. Mas, ya que mis especiales ocupaciones no me lo permiten, me limito a escribiros una carta y manifestaros algunos pensamientos de mi paternal corazón. Ante todo, os agradezco lo que hicisteis por mí, los saludos enviados, oraciones elevadas a Dios por la salvación de mi alma; os agradezco también el afecto que tenéis a don Miguel Rúa y a los demás superiores de ese seminario. Desde que estuve con vosotros, a más de otras veces que he ido a veros espiritualmente, creo oportuno deciros lo que he observado en particular (con tal motivo escribo unos papelitos a parte) y en general. Con verdadera satisfacción he observado vuestra mayor frecuencia de los santos sacramentos de la confesión y comunión, vuestra compostura más devota en la iglesia y en la oración, especialmente la de la noche, vuestra mayor caridad para soportar las molestias de los compañeros; y en muchos un gran esfuerzo para adelantar en los estudios y combatir los defectos y las malas linaciones. He observado esto con gran satisfacción; con todo, si me lo permitís, debo deciros muchas cosas que afligen bastante mi espíritu. Noté que algunos van a la iglesia sin dar muestra alguna de entrar en un lugar sagrado; escuchan la predicación (y no son pocos) distraídos continuamente, sin sacar ni siquiera una máxima para practicarla en bien de su alma. Observé que algunos comienzan las oraciones y llegan al fin, sin saber que las han dicho y generalmente (**Es7.494**))
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