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((**Es7.403**) Empezó la novena y estábamos ya en el último día. Don Bosco debía entregar aquella tarde no menos de mil liras a los obreros. Fue a visitar a la enferma. Abrióle la doncella y con gran gozo le anunció que su señora se encontraba perfectamente curada; había dado ya dos paseos y había ido a la iglesia para dar gracias al Señor. Mientras la criada le contaba rápidamente todo aquello, salió jubilosa la misma señora, exclamando: -Estoy curada, ya he ido a dar gracias a la Virgen Santísima; tenga el paquete que le he preparado. Esta es la primera limosna, pero ciertamente no será la última. Don Bosco tomó el paquete, volvió a casa, lo desenvolvió y halló cincuenta napoleones de oro, que eran precisamente las mil liras que necesitaba. Desde este momento, como veremos, fueron tales y tantas las gracias de la Virgen, para quienes cooperaban a la construcción de su iglesia en Valdocco, que bien puede asegurarse que Ella misma la edificó. Aedificavit sibi domum Maria. (**Es7.403**))
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