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((**Es7.34**) las ofensas, él con santa destreza, desviaba la conversación y contaba todo lo bueno que sabía del culpable. Cuando le pedían algo que no podía conceder, salían de sus labios respuestas negativas, pero, tan llenas de caridad y cortesía, que convencía a los suplicantes de forma que muchos decían: -Parece que don Bosco no sabe decir un no. Y confesaban que preferían un no de don Bosco a un sí de otros.Y muchos exclamaban: -íQué bien trata don Bosco! Todos quedaban satisfechos y partían llenos de admiración. Como no podía indicar un remedio inmediato para ciertos males, desgracias, persecuciones o discordias, consolaba, calmaba las penas. Don Joaquín Berto le oyó repetir bastantes veces: -El Señor es un buen Padre y no permitirá jamás que seamos afligidos por encima de nuestras fuerzas. Si los atribulados recordaban las obras buenas hechas y decían que Dios les había olvidado, don Bosco exclamaba: -íDios no olvida nada: todo lo pagará abundantemente en el paraíso! Otras veces decía a quien no era correspondido en sus trabajos y fatigas por familiares y subordinados: -Recordad que el Señor paga non secundum fructum, sed secundum laborem (no según el fruto, sino de acuerdo con el trabajo). íEs mejor pagador que los hombres! Su paciencia para escuchar las necesidades del prójimo no tenía límite y ello animaba a todos. a volver cada vez que necesitaban un alivio. Era ésta una tarea de las más importantes, con la que don Bosco practicaba todas las obras de misericordia espirituales, puesto que enseñaba a los ignorantes, amonestaba a los pecadores, consolaba a los tristes, y rogaba a Dios y a la Santísima Virgen que bendijeran las almas y los cuerpos de quienes, por su mediación, invocaban su auxilio y Patrocinio. No todos los visitantes se presentaban con humildad ((**It7.27**)) y cortesía; algunos le visitaban para quejarse ásperamente de algún pretendido agravio recibido de él o de los suyos y hasta se atrevían a insultarlo y amenazarlo. Pero don Bosco los trataba con tanta mansedumbre que siempre acababan por marcharse reconciliados y amigos. Otros, llenos de sí mismos, fácilmente irritables, persuadidos de merecer toda consideración, se dignaban exponerle sus proyectos a fin de solucionar algún negocio, pidiéndole su parecer. Y don Bosco(**Es7.34**))
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