Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es6.464**) armas; en las casas particulares suelen personarse para arrestar a los malhechores. Me parece increíble que hombres sensatos y constitucionales como deben ser los señores ministros admitan, sin prueba alguna, que en este centro pueda haber malhechores, conculcando los artículos de la Constitución que garantizan la inviolabilidad del domicilio y la inmunidad de las personas. Su franqueza desconcertó al triunvirato inquisidor, el cual dio pronto pruebas de que hacía muchas cosas a su libre albedrío; puesto que, después de las observaciones de don Bosco, los guardias salieron uno tras otro de la habitación y fueron a estacionarse en los campos desiertos que a la sazón rodeaban el Oratorio. La conversación de don Bosco con aquellos señores se prolongó más de media hora y ellos, después de intentar hacerle incurrir en contradicción con lo que había dicho don Víctor Alasonatti, obtuvieron de él los informes suficientes para convencerlos de que el Gobierno nada tenía que temer de su Instituto. -Pero, en resumidas cuentas, qué piensa usted de las recientes anexiones de las Provincias Romanas al Piamonte? ((**It6.618**)) A tal pregunta alzó la voz don Bosco y exclamó con energía: -Como ciudadano que soy, estoy dispuesto a defender a mi patria, aún a costa de la vida, pero, como cristiano y como sacerdote, nunca podré aprobar estas cosas. El clérigo Ghivarello, que estaba en la habitación contigua, oyó claramente estas últimas palabras. Entonces los agentes del Gobierno, halagados con la esperanza de encontrar en el Oratorio algún indicio, aunque fuera mínimo, que, descubierto y comprobado, les proporcionase la oportunidad de hacer alarde de ello ante sus jefes, pidieron visitar las escuelas, y don Bosco satisfizo su deseo. Quiso acompañarlos también el mismo don Víctor Alasonatti, recobrado ya y reanimado. Los alumnos estaban en sus clases: ciento setenta y seis internos y diez externos. Conviene notar aquí que el caballero Gatti, que se presentaba como encargado de visitar especialmente las escuelas, sabía poco latín y griego, pues había sido simplemente profesor de historia y geografía en un colegio nacional y tenía a la sazón en el ministerio de Instrucción Pública el cargo de inspector de las escuelas elementales. Se limitaba, por consiguiente, a interrogar a los alumnos sobre nociones de geografía e historia, con preguntas insinuantes y engañosas. El señor Malusardi, sentado a la cabecera de los bancos, hacía a los muchachos que estaban más cerca preguntas confidenciales; (**Es6.464**))
<Anterior: 6. 463><Siguiente: 6. 465>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com