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((**Es6.299**) todo un dormitorio, sino háganse diligencias para descubrir a los autores del desorden y, si es preciso, despídaselos de casa; pero sepárese la causa de los buenos de la de los malos, que siempre son pocos; para que, por culpa de unos pocos, no tengan que sufrir muchos. Pero díganse al mismo tiempo a los culpables, que tienen buena voluntad, unas palabras de aliento, dejando siempre lugar al arrepentimiento para que vuelvan al buen camino. Daba, además, don Bosco dos normas muy sabias a sus colaboradores para descubrir y alejar del Oratorio a ciertos alumnos. Decía: -Para conocer a los jóvenes moralmente peligrosos, desde el principio del año escolar, yo los divido en dos clases: los malos de costumbres corrompidas y los que habitualmente se sustraen a la observancia del reglamento. En cuanto a los malos, diré algo que parece imposible, pero que es tal como lo afirmo. Supongamos que entre los quinientos alumnos de un colegio haya uno sólo de costumbres corrompidas y que ingrese otro nuevo también inficionado por el vicio. Ambos son de distinto pueblo, de otra provincia, hasta de diversa nación, de otro curso, de diferente dormitorio; nunca se han conocido, ni visto; y, con todo, al segundo día de ((**It6.393**)) permanencia en el colegio, y a veces a las pocas horas, los veréis juntos al llegar el recreo. Como si un maléfico instinto los guiara para descubrir a los manchados con la misma pez o un imán endemoniado los atrajera para trabar amistad. El <> es un medio facilísimo para descubrir una mala pécora antes de que se convierta en lobo. Hay también otra clase de alumnos que no deben estar en casa. Cuando tengáis un jovencito que parece bueno, pero que es un zascandil: se ausenta fácilmente de los lugares designados por el reglamento, le encontráis a menudo solo por los rincones del patio, por las escaleras, en la terraza, en los escondrijos, en fin en cualquier lugar oculto a la mirada del superior, sospechad siempre. No os dejéis ilusionar por las apariencias de timidez, de natural solitario, de ligereza o de ingenuidad. Porque o sabe fingir muy bien o sin falta encontrará a quien lo corromperá. Estos sujetos son peligrosísimos. Pero no se contentaba don Bosco con dar normas a los demás; el trabajo principal para mantener el orden en casa lo reservaba para sí. Pedía a los asistentes y maestros que le entregaran semanal y mensualmente las listas con las calificaciones de conducta y aplicación de cada alumno, tantas listas como profesores, incluidos los de las escuelas nocturnas, los jefes de dormitorio y los de taller. Cada lista iba firmada por el que debía presentarla al Superior. Las primeras (**Es6.299**))
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