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((**Es6.245**) Pero a pesar de tantas tormentas, la ley Casati siguió siendo ley orgánica y constitutiva de la enseñanza, puesto que ni el Parlamento ni los ministros tuvieron nunca valor para proponer otra. Cien veces la condenaron a muerte, pero nunca osaron ejecutar la setencia y declarar abrogadas las disposiciones relativas a la enseñanza del catecismo. Hemos expuesto algunos datos acerca de la ley Casati y de los cambios que le hicieron los que hubieran debido respetarla y hacerla cumplir, para que se tenga un criterio al juzgar ciertas persecuciones que a su tiempo iremos relatando. Pero cualesquiera que fueran las disposiciones de las leyes, don Bosco no perdía su calma habitual, fiado en la protección de María Santísima y en la intercesión de Domingo Savio, de cuya eficacia tuvo una prueba por aquellos días. Hacía año y medio que Eduardo Donato, alumno del Oratorio, padecía tales molestias en los ojos, que hubo de suspender los estudios en marzo de 1859. Ni el aire de su pueblo, ni las múltiples medicinas, ni las sangrías y emplastos detrás de las orejas, ni los cuidados de los mejores especialistas dieron ningún resultado. Pasaba los días en una habitación oscura. A fines de octubre, parecióle experimentar alguna mejoría y quiso volver a Valdocco, pero la enfermedad se reactivó. El muchacho se acercaba a menudo a don Bosco para que le consolase con aquellas palabras que él sabía eran ((**It6.317**)) útiles temporal y espiritualmente, animándole a tener paciencia y dándole alguna esperanza de próxima curación. Una noche, mientras cantaban todos sus compañeros, reunidos en las clases, estaba él pensativo y triste, con la cara entre las manos, sentado en el refectorio de los Superiores y apoyado en la mesa, donde cenaba don Bosco. Cuando el Siervo de Dios terminó, se levantó, se acercó a él muy despacito y, dándole una palmadita en el hombro, le dijo: -Será posible que no podamos librarte de ese mal? Hay que acabar con él de una vez. Vamos a agarrar a Domingo Savio por los cabellos y no lo vamos a soltar hasta que nos obtenga de Dios tu curación. Al oír estas palabras, el muchacho lo miró fijamente a la cara sin pronunciar palabra. Don Bosco siguió diciendo: -Sí, reza todos los días de esta novena (era la noche del primer día de la novena de la Inmaculada) a Domingo Savio para que interceda por ti y te alcance esta gracia. Procura vivir de forma que puedas comulgar cada mañana. Por la noche, antes de acostarte, dirás así: <> y añadirás una avemaría. (**Es6.245**))
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