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((**Es6.118**) la de otros jóvenes que vivieron entre nosotros con fama de acendrada virtud. A la verdad, queridos míos, la divina providencia se dignó mandarnos algunos que han sido dechados de virtud, tales como Gabriel Fascio, Luis Rúa, Camilo Gavio, Juan Massaglia y otros; pero sus hechos no fueron tan notables como los de Savio, cuyo tenor de vida fue claramente maravilloso. Por otra parte, si Dios me da salud y gracia, es mi intención recoger por escrito las acciones de estos compañeros vuestros para satisfacer vuestros deseos y los míos, al presentároslas para leer e imitar en lo que es compatible con vuestro estado. Aprovechad las enseñanzas de cuanto os iré narrando y repetid en vuestro corazón lo que san Agustín decía: Si él sí, por qué yo no? Si un compañero mío de mi misma edad, en el mismo lugar, expuesto a semejantes y quizás mayores peligros que yo, supo ser fiel discípulo de Cristo, por qué no podré yo conseguir otro tanto? Pero acordaos de que la verdadera religión no consiste sólo en palabras; es menester pasar a las obras. Por lo tanto, hallando cosas dignas de admiración, no os contentéis con decir: <<íBravo! íMe gusta!>>. Decid más bien: ((**It6.145**)) -<>. Que Dios os dé a vosotros y a cuantos leyeren este librito salud y gracia para sacar gran provecho de él; y la Santísima Virgen, de la cual fue Domingo Savio ferviente devoto, nos alcance que podamos formar un solo corazón y una alma sola para amar a nuestro Creador, que es el único digno de ser amado sobre todas las cosas y fielmente servido todos los días de nuestra vida. No es el caso tejer aquí el elogio de una obrita de la que se han impreso innumerables ejemplares en muchas lenguas, que corren por las manos de medio mundo con incalculable ventaja de la juventud. Pero, no queremos pasar por alto una cosa, a saber, cómo entendía don Bosco que se debía regular la comunión frecuente, tal como resulta del sistema que empleó en la dirección espiritual de Domingo Savio. Se lee en el capítulo catorce. Está probado por la experiencia que el mejor apoyo de la juventud lo constituyen los sacramentos de la confesión y la comunión. Dadme un chico que se acerque con frecuencia a estos sacramentos y lo veréis crecer en su juventud, llegar a la edad madura y alcanzar, si Dios quiere, la más avanzada ancianidad con una conducta que servirá de ejemplo a cuantos le conozcan. Persuádanse los jóvenes de esto para ponerlo en práctica; compréndanlo cuantos trabajan en la educación de la juventud, para que lo puedan aconsejar. Antes de su venida al Oratorio, Domingo se acercaba a estos sacramentos una vez al mes, como se acostumbraba en las escuelas. Más tarde aumentó la frecuencia; pero como un día oyera predicar esta máxima: <>, Domingo acabó de comprender la importancia de estos consejos. ((**It6.146**)) Comenzó por elegir un confesor fijo, con el cual se confesó regularmente durante todo el tiempo que estuvo entre nosotros; y para que pudiese éste formarse (**Es6.118**))
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