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((**Es5.546**) Don Bosco advirtió su extrañeza y, sin más, les dijo: -No debe extrañaros que yo haga la señal de la cruz antes de comer. Soy sacerdote, y voy a predicar unos ejercicios espirituales; por tanto, tenía la obligación de comenzar ahora a predicar ((**It5.768**)) los ejercicios con mi ejemplo. Además, vosotros sois cristianos, y habéis aprendiendo de vuestros padres a hacer la señal de la cruz y vosotros mismos se la enseñáis y repetís a vuestros hijos e hijas... Total, que empezó otro sermón; y, tanto los que estaban en la sala como los que entraban, seguían con toda atención y ni por asomo querían marcharse; de modo que se reunieron unas cien personas. Después de esto, don Bosco se dio a conocer a los dueños, los cuales mantuvieron en adelante buena relación con él. Dieron las ocho y salió para Ceva pasando ante el santuario de Vico. Conviene recordar que, con ocasión de estos viajes, él ocupaba siempre una plaza en el imperial del ómnibus, junto a los cocheros, a los que, como quien no quiere la cosa, terminaba por confesarlos de buen grado. Que es lo que hizo con aquel cochero a quien llevó a Dios con gran satisfacción del interesado. Siguió hablando amigablemente con él hasta llegar a Ceva, cuando ya eran las diez de la noche. Ignoraba don Bosco donde podría alojarse a una hora tan avanzada. Preguntó al cochero, pero éste no supo qué decirle. Don Bosco terminó por pedirle que le llevaran a casa del párroco. -Ya es viejo y está enfermo, contestó el cochero, y no se levantará. Pero hay en el pueblo un capellán, el reverendo Testanera, que seguramente aún no se habrá acostado. -Pues bien, vamos allá, dijo don Bosco. Fueron, golpearon a la puerta dos o tres veces, hasta que salió a abrir el capellán y preguntó un poco desconfiado a don Bosco qué quería. Don Bosco le dijo: -Estoy de paso por Ceva y necesitaría alojarme unas horas, pagando naturalmente ((**It5.769**)) lo que fuere menester, para partir a las cinco. -Pero aquí no tenemos más que unas sillas, y hace frío. -Paciencia, procuraré arroparme lo mejor que pueda; me basta pasar la noche a cubierto. Pidióle el capellán su nombre, y en cuanto oyó que se llamaba don Bosco, dijo: -Conozco por correspondencia a un tal don Bosco de Turín..., (**Es5.546**))
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