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((**Es5.530**) Oratorio a un mozuelo cuyo nombre no recuerdo, al que habían encontrado los guardias abandonado en un rincón de la Plaza Castillo, aterido de frío. Algunos días después, don Bosco mismo lo llevó a la ciudad, a casa de un herrero, honrado, cristiano, a cuyos cuidados le encomendó y que le aceptó de buena gana. Durante unas dos semanas el muchacho se ((**It5.746**)) portó bien pero luego el patrono se vio obligado a despedirlo por su indisciplina. Don Bosco aguantó y lo llevó a otro jefe de taller; pero también éste tuvo que licenciarlo a la semana. Don Bosco siguió recomendándolo a varios talleres durante casi dos años, y puede decirse que aquel caprichoso probó, o mejor dicho hizo perder la paciencia a todos los dueños de establecimientos de la ciudad. >>La última vez que fue despedido, volvió al Oratorio y entró derecho en el refectorio, donde estaba don Bosco comiendo y le dijo que, como el patrono no lo quería volver a ver en su taller, a ver si le buscaba otro. Don Bosco le respondió: -Ten paciencia, espera a que acabe de comer y luego hablaremos. >>Tú has comido? -Sí, contestó el muchacho. -Entonces, espérame, añadió don Bosco. >>Pero el muchacho impaciente, insistió y exclamó: -Es que yo quiero que venga usted enseguida. >>Entonces don Bosco, a pesar de la destemplada insistencia, le dijo con toda tranquilidad: ->>No ves que no hay nadie que quiera aceptarte en su taller, porque eres la desesperación de todos? >>No te das cuenta de que les has cansado a todos? Si sigues así, no serás capaz de ganarte un pedazo de pan. >>El muchacho salió del refectorio despechado y, al cabo de un rato, sin decir nada a nadie, se largó y no volvió más al Oratorio. El se las arregló lo mejor que pudo y supo para vivir: fue mozo de café, fue soldado, y desempeñó luego otros varios oficios dando vueltas por el mundo. Finalmente volvió a Turín, cayó enfermo y un día en que se sintió mejor, fue al Oratorio, se presentó a don Bosco y le pidió perdón por los disgustos que le había dado. Don Bosco, satisfecho de volver a verlo después de tantos ((**It5.747**)) años, le animó, le dijo que seguía queriéndole y que siempre había rezado por él. Y añadió: -Mira, el Oratorio es siempre tu casa; cuando estés mejor si quieres venir, ya sabes que don Bosco es siempre tu buen amigo y que no busca más que la salvación de tu alma. >>El joven dio gracias a don Bosco llorando y le dijo: (**Es5.530**))
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