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((**Es5.446**) diputados, senadores, marqueses, duques, etc.; la desaparición de prejuicios contra el Papa y la Iglesia Católica; el ansia, el entusiasmo con que se busca conocerla mejor; todos estos y otros hechos son un prueba evidente de que, hace años, el jovencito Domingo Savio vio el porvenir con los ojos de la mente, iluminados por Dios. Domingo Savio predijo también su cercana muerte, y decía a veces: -Tengo que correr; de lo contrario, la noche me va a sorprender en el camino. Hicieron los muchachos a principios del año el ejercicio de la buena muerte. Como siempre se terminó rezando un padrenuestro y avemaría por aquél de los presentes que sería el primero en morir. Savio repitió varias veces, medio en broma: -En vez de decir por aquél que será el primero en morir, decid: un padrenuestro y avemaría por Domingo Savio, que será el primero de nosotros en morir. Poco tiempo antes, don Bosco lo había mandado a su casa, para probar si los aires nativos le sentaban mejor, y Domingo, aunque contrariado, le obedeció. En este viaje le sucedió algo singular, contado a don José Gamba por su madre, la cual lo había sabido de labios de la propia madre de Savio, juntamente con la señora Mariana Marchisio, que nos lo confirmaba hace todavía pocos años. Domingo Savio llegó a Castelnuovo en diligencia y tuvo que continuar el camino a pie hasta Mondonio, porque no habían recibido los suyos la carta en que les anunciaba su venida. Llegó a casa cansado del largo camino, y su madre al verlo ante sí, tan de repente, le dijo: -Pero, >>cómo has venido solo? >>No había nadie para acompañarte? ((**It5.628**)) -Al bajar de la diligencia, respondió el hijo, me encontré enseguida con una hermosa y majestuosa señora, que tuvo la bondad de acompañarme hasta la puerta de casa. ->>Y por qué no la has invitado a entrar para que descansara? -Porque, ya cerca del pueblo, desapareció y no la volví a ver. La buena madre salió fuera de casa, miró en derredor, pero en vano; una hermosa sospecha quedó fija en su alma durante toda su vida. >>No sería María Santísima aquella señora? Pero Domingo estuvo pocos días en Mondonio, y don Bosco lo vio reaparecer en el Oratorio, porque le sabía mal interrumpir los estudios y sus habituales prácticas de piedad. Don Bosco lo habría retenido consigo a cualquier precio, pero prefirió seguir el consejo (**Es5.446**))
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