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((**Es5.367**) tranca de su sitio y cayó con violencia contra don Bosco golpeándolo en el costado; abrióse impetuosamente la puerta acristalada al impulso del vendaval arrastrando consigo un diluvio; descargóse un rayo donde estaba don Bosco y lo envolvió en su luz, arrancóse bajo sus pies una baldosa del pavimento, y él quedó derecho, aturdido y acobardado. Tardó un poco en recobrar la presencia de espíritu; acudió gente, pero no hubo manera de cerrar la puerta, porque la violentísima tormenta se imponía a los esfuerzos de todos. Don Bosco no tuvo más remedio que retirarse a su habitación y esperar a que se acabara aquella catástrofe. Los señores que se alojaban en las dependencias que rodeaban el Santuario no se enteraron de nada y, cuando bajaron a oír la santa misa, se extrañaron al ver que don Bosco salía al altar cojeando. El marqués Berzetti de Mulazzano, que sabía a la perfección las rúbricas del ceremonial de la Iglesia, no acertaba a explicarse por qué don Bosco no hacía las debidas genuflexiones. ->>Cómo es posib le, rezongaba después, que hayan cambiado las ceremonias de la misa? Cuando se aclaró lo sucedido, todos reconocieron que don Bosco se había salvado por designio particular de la Divina Providencia. Don Bosco salió ((**It5.514**)) ileso, pero no sin algunos dolores durante varios días en la cabeza, en la espalda y en las piernas, y un malestar en el costado que le duró varios meses. Todavía se muestra en San Ignacio la dependencia donde fue asaltado por el rayo. Por la tarde del mismo veinticinco de julio, volvió al Oratorio, donde fue recibido con gran solemnidad. El domingo veintisiete, subía al púlpito monseñor Foux, capellán de la Duquesa de Génova, que predicó regularmente todas las fiestas a los chicos del Oratorio durante más de un año. Lo hacía en exquisito dialecto piamontés y le escuchaban durante una hora con verdadera fruición. Describió lo ocurrido en San Ignacio, invitó a la turba juvenil a dar gracias a Dios y a la Santísima Virgen por haber conservado milagrosamente a su Director, y se cantó un solemne Tedéum. No es para describir el entusiasmo con que los chicos entonaron el cántico. Se interpretó un Tántum ergo a varias voces, se impartió la bendición con toda solemnidad y después la banda de música, dirigida por José Buzzetti, tocó en el patio durante un par de horas colmando de alegría el ambiente. Don Miguel Rúa y Reano conservaron el recuerdo de estos hechos y monseñor Cagliero certifica como un fenómeno singular que, un año después, cuando se levantaba una tempestad atmosférica, todo el cuerpo de don Bosco parecía (**Es5.367**))
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