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((**Es5.233**) -íEa!, replicó el banquero; íánimo! El café que tomará después arreglará su estómago. Efectivamente, llegó el café y el banquero le devolvió los recibos por él firmados, condonándole toda deuda, con lo que don Bosco salió sin más peso en el estómago... La gran autoridad e influencia que, hasta en sus bromas, tenía en estos convites, le venía de su espíritu de mortificación y humildad, que maravillaba por igual a los señores y a las personas de servicio. No se preocupaba de lo que le presentaban; pensaba en otras cosas. La comida o la cena eran sólo una ocasión para hacer el bien. So pretexto de que ciertas comidas y bebidas no le iban bien, no se servía por cuanto podía, de las más exquisitas y selectas. ((**It5.320**)) En efecto, la familia del conde Francisco de Maistre la preparó un plato que todos creían sería de su gusto, y lo presentaron hacia el fin de la comida. Don Bosco, ya fuera porque había comido según su costumbre, ya fuera porque quería mortificarse, rehusó cortésmente el manjar que le ofrecían. El Conde, dirigiéndose al marqués Fassati, que se sentaba al lado, díjole: ->>Lo ve? A don Bosco le gusta ese plato, pero lo rehúsa por espíritu de mortificación. Adivinó don Bosco lo que decían en voz baja, sintió que se tuviese de él una opinión tan honrosa y esperó a que pasaran el plato por segunda vez; cuando el camarero estuvo junto a él, pero con la intención de pasar de largo, don Bosco, como si antes hubiera estado distraído, exclamó: ->>Y a mí? íVeo que es un plato apetitoso y tomaré mi parte. Se acercó el camarero y él se sirvió en su plato una porción bastante abundante. Entonces el Marqués y el Conde añadieron: ->>Ve cuánta humildad? Lo toma porque no quiere que se piense que se mortifica. Más tarde contaba don Bosco a sus clérigos y sacerdotes el suceso, y terminaba riendo: -íHay que ver lo que vale tener crédito! Si no come, uno es mortificado; si come, resulta que es humilde. Es ésta una gran verdad y una importante lección para los eclesiásticos. Pero él era tan frugal en el comer, que no lo podía creer sino el que le observaba atentamente. Alguno de nuestros hermanos, don Francisco Cerruti por ejemplo, habiendo ido con él a uno de estos convites, quiso imitarlo y comer solamente lo mismo que él comía y salió de aquella casa con hambre. (**Es5.233**))
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