Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


((**Es5.204**) Habiendo reñido un día entre ellos, por ciertas palabras ofensivas para sus respectivas familias, pasaron de los denuestos a las bofetadas, y terminaron por desafiarse a hacer valer sus razones a pedradas. Domingo se enteró de la querella y del desafío. Experimentó una gran pena y concibió la idea de impedirlo. Mas, >>cómo conseguirlo, siendo como eran los dos rivales mayores que él y más forzudos? Trató de persuadirles a que desistieran de su insensato propósito, haciéndoles ver que la venganza es contraria a la razón y a la religión; escribió una cartita al uno y al otro amenazándoles con decírselo al profesor y también a sus padres; pero tan exaltados estaban sus ánimos que resultaban inútiles todas las palabras. Entonces su corazón magnánimo le sugirió un recurso, de sabor heroico. Los esperó a la salida de clase y les dijo: -Puesto que persistís en vuestro bárbaro empeño, os ruego que al menos aceptéis una condición. -La aceptamos, respondieron, con tal que no impida el desafio. -Es un bribón, replicó al punto uno de ellos. -Yo no haré las paces, replicó el otro, hasta haberle abierto la cabeza. Domingo temblaba al oír tan brutal altercado; con todo, deseando impedir mayores males, se contuvo y dijo: -La condición que voy a poner no impedirá el desafío. ->>Cuál es? -Prefiero decírosla en el mismo lugar donde os queréis batir a pedradas. -Tú te chanceas y tratas de ponernos algún estorbo. -Iré con vosotros y no os engañaré; estad seguros. -Tal vez querrás ir para llamar a alguien. -Debería hacerlo, mas no lo haré. Vamos, iré con vosotros; cumplid tan sólo vuestra palabra. Se lo prometieron, y ((**It5.277**)) encamináronse a los llamados prados de la ciudadela, fuera de la puerta Susa, en el lugar donde luego se levantó la iglesia parroquial de Santa Bárbara. Llegados al lugar destinado, Domingo hizo lo que nadie jamás hubiera imaginado. Dejóles que, provistos de gruesas piedras, se colocaran en sus puestos, a cierta distancia uno de otro. Cuando los vio dispuestos a empezar el desafío, díjoles: -Antes de que empecéis el desafío, quiero que cumpláis la condición que habéis aceptado. Y diciendo esto, sacó un pequeño crucifijo que llevaba al cuello y, levantándolo en alto con una mano, dijo: (**Es5.204**))
<Anterior: 5. 203><Siguiente: 5. 205>

Regresar a Página Principal de Memorias Biográficas


 

 

Copyright © 2005 dbosco.net                Web Master: Rafael Sánchez, Sitio Alojado en altaenweb.com