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((**Es4.144**) un orador sagrado dos o tres siglos antes. Invitaba a los pecadores a hacer penitencia, con todo afecto y franqueza; y lo que había que decir en cuanto a ((**It4.177**)) la reforma de costumbres lo exponía sin ambages, sin preocuparse de nadie. En cuanto a lo que se agitaba en los corazones del pueblo, y que desvelaba la vigilancia decidida del Gobierno, no hizo la menor referencia y huyó de poner la menor comparación o contar ningún hecho antiguo que hubiera podido parecer que tenía lejana relación con las circunstancias actuales: se comportaba en todo, como si no existieran cuestiones políticas ni hubieran existido jamás. Así que, ninguna autoridad tuvo que hacerle la menor observación. Todos los oyentes no encontraron a lo largo de sus pláticas más que la meditación de los novísimos y las normas para confesarse y comulgar. Milán quedó maravillada de su forma de predicar. Su estilo era el de San Alfonso de Ligorio. Lástima que no conservamos los guiones que él mismo escribió para estos ejercicios dados en Milán; porque con ellos se entendería mejor la fuerza irresistible de su palabra. Hablaba lentamente e imprimía sus sentencias en el corazón de los fieles. Baste, como muestra, el exordio de su sermón sobre el juicio universal: <<>>Y hasta cuándo, pecadores, abusaréis de la bondad de Dios, hasta cuándo seguiréis ofendiéndole? Ya piden venganza los compañeros escandalizados por vosotros; ya piden venganza las iglesias donde cometisteis tantas irreverencias; ya piden venganza los sacramentos profanados con tantos sacrilegios; ya piden venganza el sol, la luna, las estrellas, testigos de vuestra rebelión contra su Creador; ya pide venganza la tierra, convertida por vosotros en teatro de vuestras iniquidades; ya piden venganza los mismos ángeles que querrían vengar los insultos lanzados por vosotros a Dios. >>Y hasta cuándo abusaréis de la paciencia de este misericordioso Señor? >>Os duele, tal vez, cambiar de vida? >>No tembláis ante la espada de la justicia celestial, desenvainada ya para heriros? ((**It4.178**)) Pues bien, seguid blasfemando de su Santo Nombre, seguid hablando mal de nuestra Santa Religión y contra sus ministros, seguid murmurando de vuestro prójimo, seguid sosteniendo conversaciones malas, seguid profanando los días festivos, daos prisa para crucificar de nuevo a Jesús sobre un madero, porque es poco el tiempo que os queda, avanza la eternidad, ya está encima, ya brilla su fulgor por los aires, ya está a punto de caer sobre vosotros, ya se levanta el tribunal donde se sentará el Juez Eterno. No os hagáis ilusiones; no esperéis salvación: el brazo del Señor está tendido y no hay posible escape. En el juicio os (**Es4.144**))
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