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((**Es3.311**) de lo que don Bosco podía esperar de ellos. Varios siguieron asistiendo al Oratorio y ocho fueron internados en casa. Claro que no pudieron resistir mucho tiempo, porque el reglamento coartaba su libertad; alguno, aguantó casi un año; pero todos dieron buen resultado, y se colocaron en el mundo, son ahora acomodados comerciantes y lo que más vale: siguieron siendo buenos cristianos y honrados padres de familia. Un sábado, por la tarde, entraba don Bosco en el Oratorio con un grupo de muchachos de la misma calaña para confesarlos. Estaban ya todos de rodillas en la sacristía, cuando uno empezó a reír a carcajadas y a bostezar. Siguieron los otros y después escaparon todos, dejándole solo con el que había empezado a confesarse. Don Bosco creía que no volverían más: había sido un intento frustado; cuando he aquí que, al otro domingo, los volvió a ver ante sí, dispuestos a confesarse. Hubo que instruirlos, ayudarles a hacer el examen de conciencia, excitarlos al dolor, ayudarles a cumplir la penitencia... Pero el trabajo quedaba bien pagado con el fruto. En algunos de estos casos don Bosco produjo un gran bien a la sociedad civil, pues deshizo diversas pandillas, que hubieran terminado por convertirse en bandas de malhechores. Pero no siempre hubiera tenido éxito don Bosco en aquellos encuentros, de no haber recibido el inesperado socorro. ((**It3.399**)) Encontróse un día rodeado de una pandilla de calaveras con los que nada le valieron las palabras amables y ocurrentes. Sus insultos, gritos e intentos de quitarle el sombrero, hacían temer algo malo. Don Bosco, sin perder la calma, intentaba en vano salir de aquellos aprietos. En esto, apareció un joven del barrio de aquellos fanfarrones y amigo de don Bosco desde hacía poco tiempo. Echó éste mano al bolsillo como quien va a sacar la navaja y les gritó: -íScialop del Boia!1 >>No sabéis que este cura es don Bosco? íComo digáis una palabra más contra él, os degüello! Y la amenaza proferida tan resueltamente, abajó los humos de aquellos maleducados, sorprendidos al ver que don Bosco estaba protegido por uno de su pandilla. Don Bosco agradeció a su defensor, y dirigió una palabra graciosa a los otros. Estas y otras peores eran las molestias ocasionadas a los sacerdotes con los artículos de los malvados periódicos, que ni siquiera pensaban prohibirlos, quienes hubieran debido hacerlo. 1 Scialop del Boia: interjección de gran insulto y desprecio, sin traducción. Algo así, como si se dijera: íAsqueroso asesino! (N. del T.) (**Es3.311**))
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